Laguna Negra

Esta Laguna es uno de los principales atractivos turísticos del estado ya que llama la atención su color oscuro...

Leyendas de Merida

Mérida es rica en mitos y leyendas, tanto de origen indígena como las creadas a través de los tiempos por los campesinos del páramo....

La Trampa

Lugar sagrado, escondido entre las nubes, refugio de indios, tribus de los Mucuúnes, Jamuenes, Casés, y Quinaroes, habitantes alrededor de la Laguna de Urao...

Gastronomía merideña (historia y evolución)

La comida merideña consta de gran variedad de delicias gastronómicas de singular preparación...

Historia y herencia cultural

En sus valles y mesetas se asentó la civilización Tatuy (significa precisamente, lo más antiguo), la cual alcanzó un alto grado de desarrollo cultural...

20/2/2014

El camino de “La Columna” y su importancia histórica para Mérida.

A propósito de nuestras caminatas regulares en diversos paisajes de los Andes merideños, decidimos recorrer en días pasados la cuesta o camino de “La Columna”, denominado así por estar ubicado en su parte superior el monumento homónimo a Bolívar, erigido en 1842. Dicho camino, con trazado desde el sector Belén, al oriente de la ciudad de Mérida, hasta un lugar cercano a la confluencia de los ríos Chama y Mucujún (parte inferior de la cuesta de Belén), fue uno de los principales puntos de entrada y salida de la
ciudad de Mérida durante el periodo colonial y parte del periodo epublicano. Por allí pasaron cientos de recuas con diversos alimentos y mercancías comercializados entre las provincias de Mérida y de Venezuela, y también pasaron los próceres independentistas, entre ellos Simón Bolívar. De manera que la vía de “La Columna” forma parte ineludible de la Historia merideña, siendo factor importante para que la ciudad de Mérida se consolidara en la etapa colonial como un centro poblado de primer orden en lo geoestratégico, lo económico y lo administrativo-territorial, al menos en el occidente del territorio que hoy día es Venezuela.

A continuación citamos cinco referencias de los siglos XVIIÌ, XIX y XX que describen la importancia que en el pasado tuvo el camino de “La Columna”:

-“El viernes 5 de agosto partimos después de medio día de la ciudad de Mérida y llegamos al pequeño pueblo de indios de Tabay, anduvimos poco más de dos leguas, a corta distancia de la ciudad se empieza a bajar una cuesta hasta la quebrada por donde corre el río Mucujun que todavía cargaba alguna agua de las crecientes de los días anteriores (…)”. (“Viaje muy puntual y curioso que hace por tierra don Miguel de Santiesteban desde Lima hasta Caracas en 1740 y 1741”, p.151).

-“De Mucurubá a Tabay cuatro horas de bajada suave y de buen piso sin cosa notable y a la ciudad de Mérida tres horas con una grande cuesta para llegar a la mesa donde está situada la ciudad (…)”. (Itinerario de Barinas a Cácota de Suratá por Mérida y Cúcuta. “Estudio elaborado por el ex-gobernador interino de Barinas, 1818”).

-“A Lúces sucedió Don Manuel Amador, quien gobernó la provincia hasta fines de 1857 (…); entre otras mejoras materiales se le debe el empedrado y mejora de la cuesta de “La columna”. (Jesús Manuel Jáuregui, “Apuntes estadísticos del Estado Mérida”, 1887, p.33).

-“Desde la columna Bolívar en la parte oriental más elevada de la meseta, se toma un ancho camino que lleva por una fuerte pendiente, cuesta abajo hacia el valle, primeramente a la orilla del río Mucujún, sigue por un largo trecho el curso de este río, para penetrar luego de lleno en el valle del Chama en dirección de este a norte”. (Anton Goering, “Venezuela, el más bello país tropical”, 1892, pp. 135-136).

-“En la parte oriental de la ciudad, que era la entrada por el camino antiguo de recuas, para los que llegaban de Trujillo o de Barinas, se levanta La Columna (…)”. (Fernando Benet, “Guía General de Venezuela”, primer tomo, 1929, pag.181).


Es evidente, pues, la relevancia del camino de “La Columna” para la formación histórica merideña durante el periodo colonial y parte de la etapa republicana; su significación, entre otras cosas, para el comercio de la ciudad de Mérida con otros lugares de la provincia homónima y de la Gobernación de Venezuela, y para el desplazamiento de las tropas realistas y patriotas en plena guerra independentista. Hoy día el camino mencionado sirve para comunicar a algunas familias que viven en la cuesta, pero se encuentra en mal estado, principalmente en su trayecto inferior. Considerando la importancia histórico-comunicacional de esta ruta, creemos que es viable la posibilidad de declararla oficialmente patrimonio histórico de Mérida, y así pueda recibir mantenimiento periódico, e incluso ser promocionada con el fin de atraer turistas y deportistas.

Por Rubén Alexis Hernández
              Historiador

13/2/2014

Notas teórico-metodológicas sobre la fundación hispánica de algunas poblaciones merideñas (A propósito de otro “aniversario” de Mérida).

1.- El término fundación a secas, desde el punto de vista poblacional, hace referencia a la creación de un asentamiento en un espacio previamente desocupado; tal fundación conlleva las pautas para ocupar y poblar dicho espacio. En numerosos centros poblados que forman parte de lo que hoy día es el estado Mérida, residían indígenas de forma permanente, gracias a las características geográficas y a su condición de agricultores. De manera que no hubo fundación como tal por parte de los españoles, sino la ocupación colonial, o en todo caso una fundación hispánica, mediante la cual se procedió a la implantación estructural inicial en áreas ya habitadas. A manera de ejemplo, poblaciones actuales como Mérida, Tabay, Mucuchíes, Los Nevados, El Morro, Lagunillas, Pueblo Llano, Mucurubá, Acequias y Chiguará sirvieron de hábitat a diversos grupos indígenas, y por tanto fueron objeto de una ocupación hispánica y no de una creación de la nada por parte de los colonizadores.

San Antonio del Mucuñó (ruinas)
2.- En Mérida se “fundaron” Pueblos de españoles y Pueblos de Encomienda o de indios. En los primeros residían los colonizadores, quienes fungían como encomenderos y funcionarios públicos en su gran mayoría; en los segundos se concentró territorialmente a los indígenas para su adoctrinamiento católico y control como mano de obra y tributarios. Ambos fueron organizados urbanísticamente de acuerdo a las ordenanzas de poblamiento emanadas por la Corona española; el trazado de ambos en forma de cuadrícula, y las calles y viviendas dispuestas en torno a la Iglesia y a una Plaza principal. Pueblos de españoles fueron Mérida y Ejido, mientras que Acequias, Los Nevados, Tabay, Mucurubá, Cacute, Mucuchíes, Pueblo Llano, El Morro, La Sabana y Torondoy, fueron algunos de los Pueblos de Encomienda surgidos en los Andes merideños. Adviértase que Ejido, población en que la casi totalidad de los que la habitaban luego de su creación colonial eran españoles y criollos, también fue previamente ocupada por indígenas, aún cuando algunos historiadores consideren que el lugar de asentamiento estaba prácticamente vacío al arribo de los conquistadores.

3.- El vocablo fundación era muy poco utilizado por los colonizadores; en su lugar se empleaba con regularidad el término poblar para denominar a la orden emanada por las autoridades para llevar a cabo la ocupación y concentración territorial de cara a la organización y consolidación de la sociedad colonial. Resulta curioso cómo numerosos merideños, incluidos cronistas, han empleado la palabra fundación para referirse al origen colonial de numerosas poblaciones, cuando ni siquiera era mencionada, por ejemplo, en los Autos que ordenaban que los indígenas fueran asentados en forma de pueblo, al menos en los documentos que hemos podido consultar.

4.-No hay claridad sobre las fechas de fundación hispánica de varias poblaciones merideñas, y esto se debe a factores como los siguientes: Falta de documentos; ausencia de rigor y criterio metodológico en la búsqueda y análisis de la información; cambio parcial o total del nombre de algunas poblaciones; y traslado geográfico de ciertos asentamientos. Por lo general se ha estimado un año de fundación posterior al verdadero origen colonial del poblado; en este sentido considérese que se ha dado por sentado el año de 1586 como fecha de creación de varios Pueblos de Encomienda, pero resulta que su nacimiento habría que rastrearlo incluso en la época en que arribaron Juan Rodríguez Suarez (1558) y Juan de Maldonado (1559) a tierras merideñas, o algunos años después con los apuntamientos de población realizados por el funcionario Andrés Venero de Leyva (1564). Por otro lado cabe señalar que en muchos casos no hubo una sino varias fundaciones hispánicas; es así como Mérida fue trasladada en dos ocasiones, y los Pueblos de indios fueron reorganizados con el fin de controlar mejor a los naturales y facilitar su evangelización. En este último apartado podemos incluir a la población de Mucurubá, refundada al menos dos veces entre la década de 1600 y la de 1650.

Autor: Rubén Alexis Hernández
             Historiador

6/2/2014

Itinerario de una expedición colonial en la sierra La Culata (1619)

En los primeros años del siglo XVII la colonización española de los Andes merideños aún era incipiente, incapaz de controlar efectivamente a los pobladores originarios y aprovecharlos al máximo como mano de obra y tributarios. Para solventar esta situación las autoridades del Nuevo Reino de Granada dispusieron, entre otras medidas, la reagrupación territorial de los indígenas encomendados, concentrando varios repartimientos o Pueblos de Encomienda en torno a un Pueblo nuevo o principal.

En dicho contexto el proyecto espacial-demográfico-religioso planificado por el oidor Alonso Vásquez de Cisneros, y ejecutado a partir de 1619, significó el surgimiento de más de diez Pueblos nuevos en lo que hoy día es el estado Mérida, representando una medida trascendental para la consolidación del orden colonial en tierras merideñas. Para lograr el éxito en este sentido, se realizaron expediciones en diversas zonas de Mérida, necesarias para conocer un poco más las realidades y particularidades socioespaciales de territorios ocupados y por ocupar.

Una de tales expediciones fue liderada por el funcionario Sebastián Bermejo Baylen, comisionado por Vásquez de Cisneros para obtener y transcribir información importante para evaluar la concentración de indígenas en el sur del Lago de Maracaibo o en el piedemonte andino-lacustre. Se trata de un recorrido llevado a cabo en Agosto de 1619, cuyo punto de partida posiblemente fue la ciudad de Mérida o sus alrededores, y su punto de llegada fue la costa sur-lacustre. Entre otros lugares, Bermejo Baylen transitó el páramo La Culata y otras áreas no habitadas o con escasos pobladores, desplazándose por caminos que durante el resto del periodo colonial serán frecuentados por arrieros y en la actualidad por practicantes del ecoturismo. A continuación la transcripción del itinerario del viaje mencionado:

“Partida. Salgo oy diez de agosto de mill y seiscientos y diez y nuebe años yo Sebastian Bermejo Baylen (…) deste hato de Sebastian Rangel como a las siete oras de la mañana (…)
Llegada al hato de Pedro de Liscano. Llegue yo Sebastian Bermejo Baylen al hato de Pedro de Liscano que esta en lo alto de la culata que llaman de Carrasco oy diez de agosto de mill y seiscientos y diez y nuebe años como a las quatro de la tarde en el qual me apee por no pasar mas adelante respecto de no aver ranchería adonde parar y ser paramo y serranías muy fragosas lo que pareze y se a de andar y en distancia de cinco leguas no aber poblado según que estoy ynformado (…).
Salgo yo Sebastian Bermejo Baylen (…) deste hato de Pedro de Liscano camino de Mucuten encomienda del capitán Joan Perez Cerrada oy onze de agosto de mill y seiscientos y diez y nuebe años (…).

Llegue(…) al sitio llamado Mucuten del repartimiento del capitán Joan Perez Cerrada oy onze de agosto de mill y seiscientos y diez y nuebe años como a las cinco de la tarde conforme a lo que pareció por el sol (…) me he apeado en este rancho de bajareque y cubierto de paxa(…).
 Salida de Tomon. Salgo yo(…) oy doze de agosto de mill y seiscientos y diez y nuebe años, deste sitio llamado Tomon(…).
 Llegada a la sabaneta y sitio llamado Mucuquique. En doze días del mes de agosto de mill y seiscientos y diez y nuebe años llegue yo(…) a una çabaneta que esta en una media ladera tierra hierma y despoblada sitio que llaman Mucuquique como a las cinco oras de la tarde poco mas o menos y me apee en ella para hazer allí noche por no se poder pasar mas adelante ni aber adonde trasnochar por ser todo arcabucos y montañas(…).
Salida para Tucani. En treze días del mes de agosto de mill y seiscientos y diez y nuebe años sali de la çabaneta(…).
Llegada a Tucani. En treze días del mes de agosto de mill y seiscientos y diez y nuebe años(…) llegue al sitio llamado Tucani adonde el capitán Joan Perez Cerrada tiene sus aposentos(…) me aloxe en una casa mediana de bahareque cubierta de palmiche que dixeron ser la casa del padre de la doctrina(…)”.

Por  Rubén Alexis Hernández A.
                Historiador

30/1/2014

6 razones para conocer y disfrutar a Mérida

Por Rubén Alexis Hernández A.
Historiador



 
1.- Diversidad paisajística:
El estado Mérida se caracteriza por presentar alturas sobre el nivel del mar que van desde los casi 0 metros en la costa sur del Lago de Maracaibo hasta cerca de los 5000 metros en el pico Bolívar. Como consecuencia fundamental podemos encontrar una variedad de paisajes en apenas unos cuantos miles de kilómetros cuadrados: páramos, bosques nublados, zona xerófita, selva tropical, entre otros. De manera que el merideño o visitante puede pasar en dos o 3 horas del frío páramo al caluroso semidesierto de la población de Lagunillas y sus alrededores, por ejemplo. Esta diferencia paisajística posibilita una importante biodiversidad conformada por numerosas especies de plantas arbóreas, arbustivas y herbáceas, y de mamíferos, reptiles, insectos y otros representantes de la fauna. En lo relativo al mundo animal, Mérida es considerada por algunos como un paraíso para los observadores de aves, y en este sentido atrae cierto turismo.


Laguna Verde
2.- Belleza escénica:

Los Andes merideños fueron premiados con unas particulares características geomorfológicas y climáticas, que dieron origen a una serie de componentes medioambientales y fenómenos que tanto gustan. Aquí se destacan las abundantes lagunas de la Sierra Nevada y de la Sierra La Culata, ideales para la pesca de la trucha y para acampar en sus alrededores; las nevadas ocasionales en las cumbres más elevadas, que “enloquecen” a merideños y foráneos; y la neblina que por las tardes cubre diversas zonas del estado Mérida.



3.- Ventajas notables para la práctica del ecoturismo:

En Mérida predominan los paisajes rurales sobre los paisajes urbanos; de manera que es común encontrarse en casi cualquier lugar del estado andino con un bosque o un páramo poco intervenido por el humano, con montañas prácticamente despobladas, con ríos y lagunas de aguas limpias y con antiguos caminos de tierra o empedrados. Condiciones como estas han impulsado el turismo ecológico en Mérida, en modalidades como el senderismo, la escalada, el ciclismo de montaña, el ‘camping’ (acampar), y el ‘rafting’ (descenso de ríos).

Los Nevados
4.- Presencia de pueblos atractivos:

Debido a la mezcla arquitectónica y urbanística de elementos indígenas, españoles y republicanos, contamos en Mérida con algunas poblaciones visualmente atractivas, en las que la mayoría de edificaciones son armónicas respecto al medio geográfico que las sustenta. En este contexto asentamientos como Los Nevados y Acequias se muestran al visitante como una especie de mosaico compuesto por el rojo de los tejados, el blanco de sus paredes y el gris de sus calles empedradas.



5.-Amabilidad, sencillez y entrega de los pobladores:

Si algo describe bien al merideño es su calidez, su trato amable y su generosidad con el visitante. En parte se trata de una forma de ser derivada de aquellos tiempos en que prevalecían el convite y la mano vuelta, estrategias en las que los andinos se ayudaban mutuamente en la agricultura y otros menesteres. A grandes rasgos el habitante de las tierras merideñas, en particular el campesino, es bien amistoso, servicial y capaz de halagar con comida y alojamiento a cambio de nada, o quizá de una simple sonrisa, un agradecimiento o un Dios le pague.


6.-La alimentación y el hospedaje son relativamente baratos:
A excepción de algunos hoteles, posadas y restaurantes realmente costosos, el alojamiento y la comida son servicios al alcance de muchos bolsillos. Destáquese en este sentido la alimentación ofrecida en numerosos pueblos merideños, basada en rubros y productos locales, bien preparada y a precios módicos. Platos como la pizca andina, la sopa de arvejas y el cochino frito, forman parte de esa oferta gastronómica que gira alrededor de la producción agropecuaria del estado, y son nutritivos, deliciosos y baratos.

A lo anterior podemos agregar que pronto estarán plenamente operativos el aeropuerto Alberto Carnevalli y el Sistema Teleférico, sin duda alguna dos potentes imanes turísticos desde mediados del siglo XX.

19/8/2013

La Sierra Nevada y su mención en los documentos coloniales

Autor: Rubén Alexis Hernández A.
Historiador

En días pasados fuimos testigos de unas impresionantes nevadas en las cumbres más altas de nuestros Andes, siendo privilegiados al contemplar un fenómeno climático cada vez más raro en los paisajes merideños. Picos como el Bolívar, el Humboldt, el Pan de Azúcar, El Toro y el aún llamado por algunos como El Águila, fueron cubiertos una vez más con el hermoso manto nival que deleitó los sentidos de propios y extraños; las nevadas cayeron con más intensidad en el Collado del Cóndor y en la Sierra Nevada, especialmente en las cimas que, bautizadas por Tulio Febres Cordero como las Cinco Águilas Blancas, aún hacen honor a esta denominación.
 

Ya que hicimos mención de la Sierra Nevada, valga el presente artículo para exponer en parte algunas de las primeras referencias escritas sobre este conjunto orográfico, fechadas entre los siglos XVI y XVII. Si bien es probable que el término nevada fuera empleado por primera vez antes del ingreso de los conquistadores españoles en los Andes merideños, sólo disponemos de referencias posteriores a la “fundación” de la ciudad de Mérida: Relatos de cronistas, descripciones de visitadores, autos de Población, entre otras. 

Aquí transcribimos un extracto de dichas referencias: 

1. “Y por estos justos respectos quiso enviar antes de poblar a Juan Esteban el valle arriba que llegase hasta el paraje de la propia Sierra Nevada y viese y considerase las poblaciones que en comarca de ella había, y si la tierra desde allí adelante daba demostración de ir poblada, porque a esta sazón Juan Rodríguez y los demás españoles estaban apartados del paraje de la Sierra Nevada, casi hacia el poniente, poco más de cuatro leguas” ( El cronista Pedro de Aguado sobre una expedición de los hombres de Juan Rodríguez Suárez, con punto de partida en el sitio de la primera “fundación” de Mérida, y punto de llegada en una zona que consideraran más apta para reasentar a esta población). 

2. “El sitio donde hoy permanece la ciudad de Mérida con este nombre, por habérsele perdido, como dijimos, el otro, es un valle que corre algo pendiente Norte Sur, a sesenta y dos grados y dos minutos de longitud del meridiano de Toledo, y seis de latitud al Norte, entre dos quebradas, la una llamada Albarregas y la otra Chenca (por decir Chama), que mejor se le dirá caudaloso rio que se origina desde los páramos de Cerrada y va recogiendo las más de sus aguas de las Sierras Nevadas a cuyo pie está este valle de la ciudad” (El cronista Pedro Simón describiendo a Mérida, primeros años del siglo XVII). 

3. “Resguardo. Y para que todos los dichos yndios y las yndias pobres y huérfanos ylos demas de los dichos repartimientos de Tabay Aricaguas Tatey Mucaria y Valle de los Alisares que asi se mandan poblar y reducir a la dicha nueva poblacion y sitio de Tabay tengan tierras utiles y de labor suficientes y fertiles para sus labranças particulares de año y vez y de comunidad y para sus plazas egidos propios pastos y valdios y criança de sus ganados y arboles frutales rraizes y legumbres les da y desde luego les señala y adjudica por resguardo todas las que ay desde la punta del arcabuco que baxa del paramo de las sierras Nevadas sobre la quebrada que llaman Mucutubague (…)” (Señalamiento y adjudicación de tierras de resguardo a los indígenas del Pueblo Nuevo de Tabay, en Agosto de 1619). 

4. “(…) por la qual en nombre del Rey nuestro señor y por virtud de sus poderes que para ello tengo encomiendo en bos el dicho Bartolome Yçarra los dichos dos repartimientos de yndios del apellido de los nebados en el valle de las acequias y de la quebrada de los vizcainos de mucusnumpu que el dia de oy unos y otros seran treynta yndios con sus familias y sus anejos y pertenecientes que asi vacaron por muerte del dicho Juan de Bergara y despues por pribacion del dicho Andres de bergara ya difunto (…)” (Mención, en la década de 1630, de la población conocida hoy día como Los Nevados; el topónimo se aplicó en honor a la Sierra Nevada).

5/8/2013

Notas históricas sobre San Juan de Lagunillas

Por: Rubén Alexis Hernández
Historiador

Valga el presente escrito a propósito de las festividades en honor a San Juan, llevadas a cabo en distintas partes de Venezuela, y con el 24 de Junio como día central. 
 
 El pueblo conocido actualmente como San Juan de Lagunillas, capital de la parroquia del mismo nombre (municipio Sucre, estado Mérida), se ubica a unos 25 kilómetros de la ciudad de Mérida y a unos 1.059 metros sobre el nivel del mar; se caracteriza geográficamente por tener: un clima cálido y seco, relativa escasez de agua dulce, vegetación xerófita, entre otros aspectos. Fue ocupada por diversos grupos humanos desde mucho antes de la llegada de los españoles, tal como otros tantos sitios en los Andes merideños. En este contexto exponemos algunas notas que consideramos pertinentes para comprender el pasado y presente socioespacial de esta población merideña. 

 1.- Durante el periodo prehispánico la zona, cercana a Zamu o Jamun, (actual Lagunillas e importante núcleo social y religioso de la época), estuvo habitada por una relativamente numerosa población indígena, concentrada en el pequeño valle que sirve de asiento al San Juan de hoy, y en otras superficies planas o semiplanas en los alrededores. Su existencia se fundamentaba en un modelo socioproductivo comunitario; las viviendas eran bohíos de forma circular, elaborados con materiales como piedras, madera y paja; su subsistencia dependía básicamente de la agricultura, de la cría de algunas aves y de frutas silvestres como piña, aguacate, guayaba y otras; había una interacción armónica con los distintos componentes medioambientales, fenómeno que se reflejaba en el sistema mágico-religioso. 

2.- En las cercanías de lo que hoy día es San Juan fue asentada por primera vez la Mérida colonial: “(…) y en aquel propio sitio donde estaba alojado, que es casi la última parte de la Lagunilla, yendo hacia la Sierra Nevada, pobló un pueblo con sus ceremonias acostumbradas, al cual llamó la ciudad de Mérida (…)” (Fray Pedro de Aguado, “Recopilación historial de Venezuela”). Posteriormente Mérida fue trasladada en dos oportunidades, hasta su ubicación definitiva en el actual casco central de la ciudad andina. Con la llegada de los colonizadores hispanos al continente americano se implantaron una serie de estructuras, y el área de San Juan no fue la excepción. Pronto los europeos sometieron a los indígenas mediante la Encomienda y la evangelización, y los obligaron a ser fieles al rey de España y a servir al sistema colonial como mano de obra y como tributarios. 

3.- De acuerdo a ciertas ordenanzas de poblamiento, los indígenas sometidos debían ser concentrados demográficamente en forma de pueblo de españoles, para facilitar de esta manera su control y su adoctrinamiento cristiano. Durante muchos años los naturales del lugar aquí reseñado estuvieron agregados administrativa y territorialmente a Lagunillas, hasta que el 27 de Julio de 1674, por limitaciones espaciales, se ordenó su regreso a la microrregión de San Juan (Edda O. Samudio A., “Los Pueblos de Indios de Mérida”). Aparentemente el año en cuestión representó el origen del topónimo San Juan, si bien no era de Lagunillas sino de Mucuhun o Mucujun. 

4.-Para la segunda mitad del siglo XVIII, San Juan era, desde el punto de vista eclesiástico, un curato, y su economía y subsistencia dependían del cultivo de caña dulce, cacao, algodón, yuca y cambur. La importante producción de caña en San Juan estimuló el surgimiento de numerosos trapiches allí, cuya presencia aún es relevante, siendo sus panelas comercializadas y consumidas en todo el estado Mérida y otras partes de Venezuela. También destacaba la cría de ganado, en especial del caprino, aprovechándose las condiciones geomorfológicas y biogeográficas de la zona. Habitaban unos 100 indígenas y unos 40 vecinos (“blancos”). 

5.-La llegada del periodo republicano no significó grandes cambios para San Juan. Hasta la construcción de la carretera Trasandina y de la carretera Panamericana, fue una localidad ajena en cierta medida a las transformaciones que progresivamente se daban en una Venezuela independiente de España, pero vinculada cada vez más al capitalismo global, y por tanto con la necesidad de modernizarse en un sentido general. Aún en el presente, San Juan conserva algunos rasgos del pasado colonial, e incluso de la etapa prehispánica. Estos rasgos se aprecian, por ejemplo, en la presencia de edificaciones en base a tapia, piedras y madera, y en la trascendencia de algunas creencias religiosas. 

6.- Hoy día San Juan es la segunda parroquia con más población del municipio Sucre; su economía aún depende en buena medida del cultivo de la caña dulce y su procesamiento; se comunica por carretera con Lagunillas y Jají; y destaca la presencia en el lugar de un Jardín Botánico de la Universidad de Los Andes, y del CEPRA (Centro Penitenciario Región Los Andes).

Imagen : http://bitcoraymemoriasblogetmmoires.blogspot.com

22/7/2013

Tulio Febres Cordero y la radical Mucu

(A 75 años de la muerte del escritor merideño).
Por  Rubén Alexis Hernández A.


En los Andes venezolanos, y específicamente en el estado Mérida, hacer referencia a Tulio Febres Cordero es hacer referencia de andinidad. Y es que este personaje, uno de los principales escritores de finales del siglo XIX y primera mitad del siglo XX en Mérida, ha sido bien conocido por identificarse como merideño tradicionalista de pura cepa y por ser de los pocos en estudiar a Mérida en un contexto polifacético. Entre otras cosas, Febres Cordero se interesó por la lingüística indígena, dentro de la que destaca su abordaje de la nomenclatura geográfica como herramienta efectiva para el estudio de las antiguas lenguas merideñas. 

En el presente escrito queremos destacar el interés del merideño por la radical (raíz lingüística) Mucu, presente en numerosos topónimos de Mérida: Mucurubá, Mucuchíes, Mucutuy, Mucujepe, Mucuchachí (centros poblados), Mucubají (laguna), Mucujún (río), Mucupiche (páramo), entre otros. Considérese, en primer lugar, que Febres Cordero al notar la abundancia de onomásticos contentivos de Mucu, elaboró una lista con más de 100 nombres de “pueblos, ríos, territorios, quebradas, alturas, lomas, cañadas y sitios determinados” (“Procedencia y lengua de los Aborígenes de los Andes venezolanos”, p.38), e hizo referencia a un área etnolingüística caracterizada por el predominio de dicha raíz. A partir de aquí el escritor andino abordó diversos aspectos de la radical en cuestión, particularmente su morfología y su significado. 
 
 En primer lugar Febres Cordero advertía que Mucu sólo era una forma aproximada de plasmar, por medio de la escritura, una voz indígena bien común desde el periodo prehispánico. En este sentido tanto la radical Mucu como otras tantas voces indígenas transcritas por los colonizadores, sufrieron, de acuerdo a Febres Cordero, un proceso continuo de “corrupción” lingüística, como consecuencia, en gran medida, de la variopinta percepción fonética por parte de los escribanos. Tengamos en cuenta que nuestros indígenas no manejaron la escritura tal como la conocemos, siendo fundamental el lenguaje oral para la transmisión del pensamiento: “Uno de los escollos de la recolección de voces entre los indios (...), está en la corrupción de su lenguaje por la mezcla con el español, ora sea porque adulteren el indígena, introduciendo en él elementos fonéticos de Castilla, ora porque alteren los vocablos castellanos hasta el grado de hacerlos aparecer como indígenas (...)” (“Procedencia y lengua…, p. 23). 

En el caso de la raíz Mucu, Febres Cordero apuntaba que también pudo haber sido transcrita como Moco, Muca, Moque, Moca, entre otras grafías con un sentido fonético similar o muy parecido, al menos para el escritor. De manera que en este apartado el merideño incluía a nombres geográficos de Mérida como Mocomboco, Mocoguay, Mocochopo, Moconoque, Mocotíes, Mocotoné, Mocao, Mocaquetá, Moquey y Moqueo, algunos de ellos ya referenciados durante el periodo colonial, y vigentes en el presente socioterritorial andino. 

En cuanto al significado de Mucu el escritor merideño, apoyándose en los planteamientos de antecesores como el zuliano José Ignacio Lares, y en un poco de imaginación propia de novelistas y cuentistas, llegó a una conclusión un poco contradictoria y por tanto lejos de ser concreta, cuando señaló que desconocía el significado exacto del término a la vez que aseguró describía un sitio o lugar cualquiera, tal como puede verse a continuación: “ (...) dicho también moco, voz muy común al principio de las voces territoriales en torno de las Sierras Nevadas de Mérida principalmente (...) A la verdad, no podemos aseverar qué significa aisladamente mucu (...) Es indudable que tal raíz expresa la idea de sitio o lugar (...)” (“Procedencia y lengua de los Aborígenes…”, pp. 31-32). 

Curioso resulta que en nuestros días numerosos merideños creen efectivamente que Mucu significa lugar o sitio, a pesar de las dudas que al respecto expresó el mismo Tulio Febres. En este orden de ideas pensamos que también es importante tener en consideración los planteamientos que sobre la raíz Mucu han sido expuestos por otros estudiosos del pasado indígena en Mérida, valiosos de una u otra manera. Y aún así, al día de hoy sigue sin saberse a ciencia cierta al menos la grafía “correcta” de esta radical, y por tanto es evidente que se hace necesario continuar con la evaluación de un aspecto relevante no sólo desde el punto de vista lingüístico, sino esencial para el conocimiento íntegro de los antiguos pobladores de lo que hoy día es el estado Mérida.

1/11/2012

El empleo de animales en las comunicaciones merideñas

Autor: Rubén Alexis Hernández A.
 Historiador

Con anterioridad al empleo de medios automotores para el desplazamiento humano por el territorio merideño, los pobladores andinos debían recorrer los distintos paisajes exclusivamente de forma pedestre o a lomo de animales como el caballo o la mula. Considerando la dificultad que entrañaba movilizarse a pie, en especial por la complejidad geomorfológica y climática de las áreas montañosas, es evidente que equinos como los mencionados se llegaron a transformar en elementos claves para las comunicaciones, siendo bien útiles para la ocupación, organización y modificación espacial de Mérida entre comienzos del periodo colonial y mediados del siglo XX. Es indudable que sin la presencia del medio de tracción animal hubiera sido bien complicada, por ejemplo, la presencia durante el periodo colonial de un circuito comercial efectivo en torno al valle longitudinal del río Chama. 

Tengamos en cuenta, primeramente, que fueron los españoles quienes introdujeron animales característicos de sus tierras (Península Ibérica) a los Andes merideños, considerando que podían ser tan útiles en el “Nuevo Mundo” como en España. Desde el punto de vista de las comunicaciones fueron introducidos el asno o burro y el caballo, y como un híbrido de éstos se obtuvo la mula. Como medio de transporte estos equinos se clasificaron en: 1) De carga, cuando fueron empleados para el transporte de alimentos y mercancías; y 2) De montura, cuando solamente transportaban personas. A pesar de que el caballo y el burro fueron los primeros animales de tracción introducidos por los colonizadores, es necesario acotar que, en zonas como la cuenca alta del río Chama, dominada por una abrupta topografía generalmente superior a los 2.500 metros sobre el nivel del mar, la mula llegó a ser el medio de transporte más utilizado, debido a las ventajas sobre otras bestias, específicamente como medio de carga. Algunos baquianos y arrieros actuales aseguran que la mula es capaz de soportar pesos cercanos a los 100 kilogramos, o incluso un poco más. En este orden de ideas el investigador Nelson Paredes Huggins indica:

(...) la mula presentaba innegables ventajas por tener mayor capacidad de carga que el burro, y una resistencia superior a la del caballo (...). La utilización del caballo y del burro como medios de transporte dependía, respectivamente, de la forma del relieve y de los recursos económicos disponibles. En el caso del caballo, las laderas y páramos andinos limitaban considerablemente el empleo del mismo, especialmente como bestia de carga. El caso del burro difiere de la anterior, por cuanto el relieve montañoso andino no era una limitación para él (...)” (Nelson Paredes Huggins, “Vialidad y comercio en el Occidente venezolano”, 1984, pp. 60-61).
Con la llegada del automóvil a tierras andinas, poco a poco fue disminuyendo el empleo de animales como medio de transporte, especialmente en aquellas áreas ubicadas a lo largo de carreteras como la Trasandina o la Panamericana. Sin embargo no se ha prescindido totalmente de los equinos para el transporte de personas y mercancías, y como prueba de ello podemos mencionar que en poblaciones como Los Nevados, Mucumpiz (pueblo cercano a Torondoy), El Hernández (Mucurubá), Gavidia, Acequias y La González (Páramo Los Conejos), es relativamente común la presencia de baquianos y arrieros conduciendo caballos, mulas o burros con alimentos, diversos productos de uso cotidiano y/o lugareños. Adviértase en este sentido que los animales siguen siendo fundamentales para las comunicaciones en aquellos lugares en los que no hay acceso automotor o es muy limitada la presencia de automóviles; tal es el caso de Los Nevados, adonde sólo llegan algunos vehículos rústicos y motocicletas, y de la aldea La González. 
 
Desde hace algunos años la utilización de los equinos en las comunicaciones merideñas, ha recibido un notable impulso gracias al sector turístico, específicamente al ecoturismo, modalidad que ha estimulado el recorrido de merideños y visitantes por antiguos caminos, algunos de ellos de desplazamiento frecuente durante el periodo colonial. Estas rutas, conocidas en el argot turístico como Caminos Posaderos Andinos, por formar parte de paquetes de excursionismo ofrecidos para quienes se hospedan en las renombradas Mucuposadas, son exigentes en buena medida, y por tanto algunos excursionistas requieren de animales para su movilización. 

De manera que en algunas partes de Mérida aún es importante el medio de transporte animal, y lo seguirá siendo mientras existan los antiguos trazados viales, la presencia de poblaciones semiaisladas y el interés por conocer y disfrutar los diversos paisajes andinos.

18/7/2012

Apunte histórico de Cacute

Por Rubén Alexis Hernández A.
Historiador

Valga el presente escrito en el marco de la festividad religiosa en honor al Santo Niño de Cacute, cuyo día central es el 14 de Enero. La población mencionada, capital de la Parroquia del mismo nombre, tiene su asiento en el valle alto del río Chama, a orillas de la Carretera Trasandina, y es un punto más o menos intermedio entre las localidades de San Rafael de Tabay y Mucurubá, aunque más cercano a esta última.

Durante el periodo prehispánico habitaban en los alrededores de lo que hoy es Cacute algunos indígenas, con características materiales y simbólicas parecidas a los aborígenes del resto de los Andes merideños. Para su sustento diario dependían en gran medida del cultivo de algunos tubérculos, leguminosas y maíz; ocasionalmente consumían la carne de animales como el venado, el conejo y algunas aves abundantes en la zona. Su alimentación era complementada con rubros obtenidos por intercambio con indígenas de otras partes del valle del Chama y/o del occidente “venezolano”. No se consideraban propietarios de la tierra, al menos en el sentido moderno de la propiedad agraria, sino que la usufructuaban colectivamente en beneficio evidente de todos los miembros de la comunidad. Vivían en chozas o bohíos generalmente de forma circular y construidos en base a piedras y otros materiales presentes en el área. Desde el punto de vista espiritual, los antiguos pobladores de Cacute sacralizaron lagunas, páramos, cumbres y otros elementos geográficos, y creían que en tales espacios moraban ciertas entidades sobrenaturales encargadas de la protección de los mismos. Consideraban los aborígenes que dichas entidades eran capaces de beneficiarlos o perjudicarlos en su vida cotidiana, y por tanto recurrían a la celebración periódica de rituales y a la entrega de ofrendas para ganarse su buena voluntad.

Para la segunda mitad del siglo XVI algunos conquistadores europeos ya tenían conocimiento de la zona de Cacute, y no pasará mucho tiempo para que dicho territorio sea incorporado jurídicamente a la Corona Española. En lo sucesivo Cacute estará sujeto a la implantación estructural requerida para la formación del orden colonial, proceso en el que la Encomienda jugará un papel esencial, concretamente en cuanto a la necesaria concentración espacial de los indígenas de acuerdo a las ordenanzas de poblamiento emanadas por la Corona. Téngase en cuenta que además de los naturales de la localidad, serán encomendados aborígenes asentados montaña adentro (principalmente en la vertiente sur de la Sierra Nevada, hacia los lados del piedemonte andino-llanero). Pero si bien para el año 1602 ya se hacía referencia al Repartimiento o Pueblo de Encomienda de Cacute, con Hernando de Alarcón como encomendero, la ubicación del mismo no era precisamente la de la localidad actual, característica que dificultaba la evangelización de los indígenas y su control por parte de los colonizadores. Para solventar esta situación se ordenó la agregación de Cacute al Pueblo Principal de Mucurubá en 1619, situándosele a orillas del Camino Real Interandino, aproximadamente en el lugar que aún ocupa. A partir de este año Cacute pertenecerá a Mucurubá, y recién en 1986 será separado administrativamente al crearse el Municipio Foráneo Cacute. Con lo apuntado en este párrafo se desmiente que Manuel Valero Pacheco haya sido el “fundador” de Cacute a finales del siglo XVIII, según lo indican algunas versiones.

Destáquese que durante el periodo colonial de Cacute la agricultura continuaba como el principal medio para la obtención de los alimentos cotidianos; mientras tanto la actividad pecuaria tenía cierta importancia con la crianza de ganado mayor y menor y de aves de corral. Además de los rubros prehispánicos, eran cultivados cereales, leguminosas, hortalizas y frutas introducidas por los colonizadores. Sobresalía en este apartado el trigo y su harina, cuya comercialización trascendía la jurisdicción de Mucurubá y representaba una importante fuente de ingresos, en especial para españoles y criollos (propietarios de estancias y molinos). A pesar de la importancia de este cereal en la zona, incluso en el ámbito simbólico, es importante acotar que su manejo agroecológico inadecuado llegará a ser muy perjudicial para los suelos locales, particularmente para los de ladera, bien proclives a la erosión. De todo ese auge triguero no quedan sino los recuerdos y algunas huellas materiales (como eras y molinos).

Desde el punto de vista religioso, el cristianismo desplazó parcialmente a las antiguas creencias mágico-religiosas, y representó un elemento clave de la colonización en Cacute, no sólo por la conversión espiritual de los indígenas, sino por el ordenamiento territorial derivado de la agrupación de aborígenes en torno a una iglesia, en este caso la de Mucurubá. Evidentemente el cristianismo se consolidó y trascendió en el imaginario colectivo, englobando hoy día a festividades como la que se realiza en honor al Santo Niño de Cacute.

Grafica Cacute de Enrique La Marca

3/5/2012

A 60 años de la creación del Parque Nacional “Sierra Nevada”

Por: Rubén Alexis Hernández A.
Historiador

Primeras exploraciones coloniales en la Sierra Nevada.

Recientemente se cumplieron 60 años de la creación del Parque Nacional “Sierra Nevada”, uno de los de mayor extensión del occidente venezolano, y cuya importancia radica en la notable biodiversidad, en la abundante producción hídrica, en la presencia de poblaciones antiguas, en la belleza paisajística, entre otros atributos. Así se resume la justificación del Gobierno venezolano de 1952 para la creación de dicho Parque: “Que con la creación de los referidos parques, se atiende a la preservación permanente de las aguas y de la flora y fauna autóctonas; a la formación de centros de interés para estudios científicos y de investigación, así como para el fomento del turismo y (...)”.

Apenas arribaron los primeros españoles al valle del río Chama, principal curso fluvial de los Andes merideños, hicieron las primeras incursiones en los alrededores de lo que se conocía como Sierras Nevadas (nombre que hacía referencia a la presencia de nieve permanente en algunas cumbres). De esta manera exploraron parcialmente el conjunto montañoso identificado hoy día como Macizo del Sur (donde se ubican los muy conocidos Pueblos Del Sur), colindante con la estribación sur-occidental de la Sierra Nevada. Entre otras zonas, los conquistadores se desplazaron por la subcuenca del río Nuestra Señora, y allí se percataron de que era un espacio densamente poblado a pesar de que las condiciones paisajísticas no parecían las más idóneas: aridez, erosión, cierta escasez de agua dulce, entre otras. En esta subcuenca se ubican actualmente localidades como San Antonio de Acequias, San José del Sur, El Morro y Los Nevados.

Luego de la incursión al Macizo del Sur, una expedición a cargo de Juan Rodríguez Suárez, “fundador” de la ciudad de Mérida, recorrió todo el valle alto del río Chama y una parte del curso superior del río Santo Domingo, y al parecer habría explorado, aunque de manera fugaz, la Sierra Nevada montaña adentro. Pero el carácter superficial de esta expedición no será desaprovechado; resultará en un importante precedente informativo para beneficio del capitán Juan de Maldonado y su tropa, quienes lograron realizar una exploración más detallada de la Sierra Nevada:

“(…) de allí envió a Bartolomé Maldonado con gente que atravesando la cordillera de la Sierra Nevada más arriba viese lo que de la otra banda había. Caminaron algunos días por aquel paraje y páramo que era bien ancho y despoblado, y en acabándolo de pasar dieron vista a los llanos de Venezuela (…)”.


Tras esta expedición hubo una serie de incursiones a lo largo y ancho de la Sierra Nevada, que en gran medida posibilitarán el conocimiento humano y paisajístico del territorio, y por tanto el control de los indígenas en Pueblos de Encomienda y la oportunidad de establecer comunicaciones con distintos espacios geográficos, en especial con el piedemonte andino-llanero y con los Llanos barineses. Fue, durante el transcurso de dichas expediciones, cuando los colonizadores notaron que diversos valles transversales conectaban de forma relativamente fácil a la cuenca alta del Chama con Barinas; uno de estos valles servirá de asiento al conocido “Camino de Los Callejones”, específicamente el correspondiente a la parte superior del río Santo Domingo.

Para mediados del siglo XVII el conocimiento de la Sierra Nevada por los colonizadores de la cuenca alta del Chama era tal, que en distintos documentos de la época se percibe la familiaridad que parecían tener con el espacio geográfico las autoridades y otros personajes de la Provincia de Mérida. Incluso en dichos documentos abundan los topónimos, signo evidente de la “apropiación” paisajística en favor del orden hispánico:
“(...) y luego va corriendo el dicho resguardo desde el dicho rio de Chama atravesándole y pasando de la otra bande del hasta llegar a un quebrada que llaman Mucuyao y por otro nombre Mocaho que entra en el dícho rio de Chama y por la dicha quebrada arriba hasta lo alto del paramo y peñas que llaman Mucuguaguo y de alli bajando hasta dar en la quebrada Mucumbas que entra en el dicho rio grande de Chama (...)”.

Rubén Alexis Hernández A.

3/1/2012

Conozcamos a Mérida

Autor: Rubén Alexis Hernández A. Historiador

En el presente escrito queremos exaltar de forma parcial las bondades que ofrece el Estado Mérida al visitante, desde paisajes que van desde los 0 metros sobre el nivel del mar hasta la zona de nieves permanentes, hasta la amabilidad y sencillez de su gente. Si bien dicha entidad es considerada como uno de los destinos turísticos por excelencia en Venezuela (a pesar de que aún no funcionan el Sistema Teleférico y el aeropuerto), incluso para numerosos extranjeros, resulta que no conocemos ni la mitad de su superficie, y por tanto nos abstenemos de disfrutar condiciones geográficas y humanas extraordinarias. No resulta extraño que algunos merideños aseguren conocer media Europa, Estados Unidos y casi toda América Latina, pero a duras penas habrán escuchado de los Pueblos del Sur, o de las centenares de lagunas ubicadas en los páramos, o de algunos monumentos naturales.

Más allá de las razones que puedan tener aquellos merideños poco interesados en el turismo interno, es importante tratar de convencerlos de que gracias a la variedad de pisos altitudinales Mérida fue privilegiada con la presencia de páramos, selvas, llanuras aluviales, bosques nublados y otros ecosistemas en un área relativamente reducida (11.300 km2), y por tanto goza de una biodiversidad importante. Al respecto es necesario destacar que hay muchas zonas en el Estado Mérida que merecen ser conocidas, especialmente por el trato cordial y servicial de sus habitantes. Uno de estos espacios está constituido por los llamados Pueblos del Sur, entre los que se encuentran Los Nevados, San Antonio de Acequias, Mucutuy, El Morro, San José del Sur y Pueblo Nuevo. En los dos primeros, ubicados a la espalda de la Sierra Nevada, el paisaje impresiona por la vista de las montañas circundantes y del relieve modelado por el río Nuestra Señora, y hay gente bien amable con el visitante, a quien le informan sobre la geografía y la historia local, y si es el caso le guían en sus recorridos por sitios de interés monumental y natural. Estar en uno de estos pueblos es como estar en lugares olvidados en un tiempo remoto, en el que predominaban la agricultura escasamente tecnificada y la arquitectura en base a tapia, teja y piedra, y no había la contaminación variopinta propia de la modernidad. A pesar de que el estado de las vías para acceder a estos poblados no es el ideal (la mayor parte del trazado es de tierra), el sólo hecho de arribar a ellos compensa con creces el sacrificio que pueda significar el desplazamiento por tales vías.

Luego hay algunas poblaciones en la cuenca alta del río Chama que son escasamente conocidas por los merideños. Aquí se encuentran localidades como Mitivibó y Micarache, donde el paisaje parece cubierto con millones de frailejones y la candidez del grueso de sus pobladores es conmovedora. En el caso de Miitivibó, pueblo ubicado a unos 3.400 metros sobre el nivel del mar, es parcialmente incomprensible su desconocimiento, toda vez que se ubica en el trayecto de una de las vías de acceso al observatorio astronómico de Llano del Hato, destino importante dentro del turismo merideño. Además de las localidades como tal, el visitante tiene la posibilidad de conocer distintos lugares más o menos cercanos, contando siempre con la guía de los pobladores. En cuanto al estado de las carreteras para llegar a Mitivibó y Micarache, consideramos que es regular, apto para todo tipo de vehículos en buenas condiciones, al menos en la ruta de acceso a Mitivibó.

En tercer lugar hay ciertas poblaciones asentadas en el norte de la entidad merideña, en la zona de transición entre la Cordillera merideña y las tierras bajas del Sur del Lago de Maracaibo. Se trata, entre otras, de Piñango, Torondoy y Mucumpís, poblados que desde tiempo antiguo han sido puntos intermedios en la comunicación de la cuenca alta del río Chama con el Lago de Maracaibo. Particularmente agradable a la vista resulta el verdor de las montañas que rodean a Torondoy y Mucumpís, así como el colorido de los diversos cultivos. Salvo la carretera de tierra que conduce desde Torondoy hasta Mucumpís, las vías de acceso son aptas para todo tipo de vehículos. Respecto a la carretera de tierra en cuestión, su recorrido en automóviles 4x4 representa toda una aventura.

Con esta muestra paisajística y humana del Estado Mérida, consideramos que hemos aportado un granito de arena para impulsar el turismo en aquellos espacios que hasta el día de hoy no han sido ampliamente conocidos por los merideños. El mensaje es una invitación para que en Mérida nos identifiquemos mucho más con su diversidad paisajística y con la calidez y cortesía propias del gentilicio andino.

12/12/2011

Mucurubá: Breve etimología y origen colonial del poblado

Por: Rubén Alexis Hernández A.
Historiador

Mucurubá es un topónimo indígena para denominar a una zona (cono de deyección) de la cuenca alta del río Chama en la que los colonizadores ubicaron progresivamente a numerosos aborígenes encomendados. Desde el punto de vista etimológico, desconocemos el significado preciso del onomástico, condición similar para el resto de nombres contentivos de la radical Mucu. No obstante algunos creen que la terminación ruba simplemente hace referencia a la abundancia en el lugar de un tubérculo conocido con la misma voz, y que por tanto Mucurubá significaría lugar o sitio de la ruba; y no distan de tener alguna razón, considerando que la ruba era uno de los vegetales más apreciados por los habitantes prehispánicos de los altos Andes “merideños”, incluidos los mucurubenses. Aún en nuestros días se consume el tubérculo, que por lo general crece de forma silvestre.

Para la década de 1580 ya figuraba en distintos documentos un Pueblo de Encomienda transcrito como Mucurua, Mucurugua, Mucuruba, entre otras grafías. Estaba a cargo de Pedro Estevan, y tenía una población de 113 indígenas en el año 1586. Mientras que algunos estiman que la “fundación” del poblado corresponde a este año, cuando habría quedado constituida la primera Encomienda del Valle de Mucurua (así llamaban los colonizadores al lugar que ha servido de asiento a Mucurubá), otros aseguran que debe tomarse en cuenta a diciembre de 1619, en el marco de la organización político-territorial-religiosa proyectada por el visitador Alonso Vásquez de Cisneros. Considérese que en esta última fecha se ordenó la agregación de los naturales de diversas Encomiendas al Pueblo Nuevo de Mucurua (referenciado en algunos textos como San Juan de Mucurua), en lo sucesivo el eje socioespacial y administrativo de la micro-región homónima. Por medio de esta medida los colonizadores intentaban concentrar y someter a aquellos indígenas que aún se encontraban dispersos, sin el “beneficio” de la evangelización y la “protección” de los encomenderos. En total fueron agregados seis Pueblos de Encomienda: Mucurua (2), Mucupiche, Mucunoc, Cacute y Escaguey.

El lugar escogido para el asentamiento del Pueblo Nuevo de Mucurubá correspondió en buena parte a la ubicación del actual centro poblado. En aquel tiempo se quería tomar ventaja de características geográficas importantes: Presencia de una superficie relativamente plana y amplia, cercanía de fuentes de agua dulce, existencia de vegetación maderable, comunicación natural con otras áreas del espacio altoandino merideño y del occidente “venezolano”, entre otras.

Gráfica: Plaza Bolivar de Mucurubá (Edwin Mora)