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18 jul. 2012

Apunte histórico de Cacute

Por Rubén Alexis Hernández A.
Historiador

Valga el presente escrito en el marco de la festividad religiosa en honor al Santo Niño de Cacute, cuyo día central es el 14 de Enero. La población mencionada, capital de la Parroquia del mismo nombre, tiene su asiento en el valle alto del río Chama, a orillas de la Carretera Trasandina, y es un punto más o menos intermedio entre las localidades de San Rafael de Tabay y Mucurubá, aunque más cercano a esta última.

Durante el periodo prehispánico habitaban en los alrededores de lo que hoy es Cacute algunos indígenas, con características materiales y simbólicas parecidas a los aborígenes del resto de los Andes merideños. Para su sustento diario dependían en gran medida del cultivo de algunos tubérculos, leguminosas y maíz; ocasionalmente consumían la carne de animales como el venado, el conejo y algunas aves abundantes en la zona. Su alimentación era complementada con rubros obtenidos por intercambio con indígenas de otras partes del valle del Chama y/o del occidente “venezolano”. No se consideraban propietarios de la tierra, al menos en el sentido moderno de la propiedad agraria, sino que la usufructuaban colectivamente en beneficio evidente de todos los miembros de la comunidad. Vivían en chozas o bohíos generalmente de forma circular y construidos en base a piedras y otros materiales presentes en el área. Desde el punto de vista espiritual, los antiguos pobladores de Cacute sacralizaron lagunas, páramos, cumbres y otros elementos geográficos, y creían que en tales espacios moraban ciertas entidades sobrenaturales encargadas de la protección de los mismos. Consideraban los aborígenes que dichas entidades eran capaces de beneficiarlos o perjudicarlos en su vida cotidiana, y por tanto recurrían a la celebración periódica de rituales y a la entrega de ofrendas para ganarse su buena voluntad.

Para la segunda mitad del siglo XVI algunos conquistadores europeos ya tenían conocimiento de la zona de Cacute, y no pasará mucho tiempo para que dicho territorio sea incorporado jurídicamente a la Corona Española. En lo sucesivo Cacute estará sujeto a la implantación estructural requerida para la formación del orden colonial, proceso en el que la Encomienda jugará un papel esencial, concretamente en cuanto a la necesaria concentración espacial de los indígenas de acuerdo a las ordenanzas de poblamiento emanadas por la Corona. Téngase en cuenta que además de los naturales de la localidad, serán encomendados aborígenes asentados montaña adentro (principalmente en la vertiente sur de la Sierra Nevada, hacia los lados del piedemonte andino-llanero). Pero si bien para el año 1602 ya se hacía referencia al Repartimiento o Pueblo de Encomienda de Cacute, con Hernando de Alarcón como encomendero, la ubicación del mismo no era precisamente la de la localidad actual, característica que dificultaba la evangelización de los indígenas y su control por parte de los colonizadores. Para solventar esta situación se ordenó la agregación de Cacute al Pueblo Principal de Mucurubá en 1619, situándosele a orillas del Camino Real Interandino, aproximadamente en el lugar que aún ocupa. A partir de este año Cacute pertenecerá a Mucurubá, y recién en 1986 será separado administrativamente al crearse el Municipio Foráneo Cacute. Con lo apuntado en este párrafo se desmiente que Manuel Valero Pacheco haya sido el “fundador” de Cacute a finales del siglo XVIII, según lo indican algunas versiones.

Destáquese que durante el periodo colonial de Cacute la agricultura continuaba como el principal medio para la obtención de los alimentos cotidianos; mientras tanto la actividad pecuaria tenía cierta importancia con la crianza de ganado mayor y menor y de aves de corral. Además de los rubros prehispánicos, eran cultivados cereales, leguminosas, hortalizas y frutas introducidas por los colonizadores. Sobresalía en este apartado el trigo y su harina, cuya comercialización trascendía la jurisdicción de Mucurubá y representaba una importante fuente de ingresos, en especial para españoles y criollos (propietarios de estancias y molinos). A pesar de la importancia de este cereal en la zona, incluso en el ámbito simbólico, es importante acotar que su manejo agroecológico inadecuado llegará a ser muy perjudicial para los suelos locales, particularmente para los de ladera, bien proclives a la erosión. De todo ese auge triguero no quedan sino los recuerdos y algunas huellas materiales (como eras y molinos).

Desde el punto de vista religioso, el cristianismo desplazó parcialmente a las antiguas creencias mágico-religiosas, y representó un elemento clave de la colonización en Cacute, no sólo por la conversión espiritual de los indígenas, sino por el ordenamiento territorial derivado de la agrupación de aborígenes en torno a una iglesia, en este caso la de Mucurubá. Evidentemente el cristianismo se consolidó y trascendió en el imaginario colectivo, englobando hoy día a festividades como la que se realiza en honor al Santo Niño de Cacute.

Grafica Cacute de Enrique La Marca