10 nov. 2014

Descripción colonial de algunas poblaciones merideñas. Parte II

Acequias: 

“El Curato del pueblo de Acequias cerca de Mérida tierra
templada con su iglesia, y su ordinario ornamento produce mucho trigo, maíz, turmas, havas, arvejas, repollos, y demás frutos de la tierra fría. Tendrá cien indios, y cincuenta vecinos blancos pobres, temperamento sano (...) para los meridianos es apreciable, y tienen bastante ganado” (De Oviedo, Basilio Vicente, Pensamientos y noticias escogidas para utilidad de Curas del Nuevo Reino de Granada, 1761).

Bailadores: 

“El domingo 23 salimos de Porquera, y llegamos al pequeño pueblo de indios de Bailadores (...) en la cumbre que llaman el Portachuelo corre el aire algo frío, y desde allí se baja por un monte de selva clara hasta que se sale a unas bellas fértiles lomas que estaban sembradas de trigo, maíz y cebada (...). Y cerca del pueblo encontramos, un muchacho que llevaba una de aquellas raíces que en la América Española llaman yuca (...), esta población que aseguran fue numerosa consiste en 10 o 12 vecinos indios de gente educada en buena policía, porque solo hablan la lengua castellana, que es común en todo este Reino” (Viaje muy puntual y curioso que hace por tierra don Miguel de Santiesteban desde Lima hasta Caracas en 1740 y 1741). 

“En la jurisdicción de la Grita estaba un pueblo de indios llamado Bailadores, que era de la religión de San Francisco (...) Es tierra templada, y sana, y tiene buenas aguas, y produce de todos frutos de tierra caliente, cacao, caña dulce, tabaco, maíz, yucas y otros frutos, y frutas, pero con la pensión de dichos indios gentiles, tiene una iglesia ornamentada y pobre. Está cercano a la Grita como una jornada tendrá cien vecinos, y rentará a su párroco cuatrocientos pesos (...)” (De Oviedo, Basilio Vicente, ob.cit)

Ejido:

“El viernes 28 (...) llegamos al lugar que llaman la Parroquia del Ejido, porque está al principio de una pradería, en que tiene su situación la ciudad de Mérida (...) encontramos muchas familias de Mérida, que habían venido a las fiestas de San Buena Ventura que es el patrón (...), nos detuvimos a instancia de don Andrés de Abreu (...), que nos encontró y con generosa urbanidad nos convidó a comer” (Viaje muy puntual y curioso...). 

“A tres leguas de la ciudad de Mérida, a la banda de Santa Fe, o Pamplona, que es a la del Norte está el Curato de la parroquia del Ejido con buena iglesia, y bien ornamentada. Puede tener quinientos vecinos. Es su temperamento cálido, pero ameno y sano con todos frutos de tierra cálida, cacao muchos trapiches de caña, y su principal trato, muchos dulces, azúcares, conservas, y panelas, que llaman melotes, que conducen a Maracaibo. Produce algodón, yucas, plátanos y demás frutos de tierra caliente” (De Oviedo, Basilio Vicente, ob. cit). 

El Morro: 

“El Curato del pueblo del Morro en el valle de Acequias con su iglesia proporcionadamente decente, produce mucho trigo en sus laderas, y maíz, y demás frutos de tierra fría, y tiene bastante ganado vacuno, y cabrío, y ovejuno. Tendrá ochenta indios, y cuarenta vecinos. Rentará a su párroco quinientos pesos, como sus vecinos Acequias y Mucuño. Es tierra fría, y sana (...)” (De Oviedo, Basilio Vicente, ob.cit)

Estanques: 

“El martes 25 (...) llegamos a las 5 de la tarde al sitio de la Sabaneta de Estanques (...): en este sitio que es una pradería (...) que está a la boca de esta selva pusimos nuestras tiendas para pasar la noche (...), y pudiéramos haberlas excusado porque teníamos a distancia de media legua bastante caserías, pero quisieron los arrieros aprovecharse del pasto para sus mulas (...), a tres cuartos de legua está la hacienda de Estanques en que se cogen cada año 150 cargas de cacao (...)” (Viaje muy puntual y curioso...). 

“La hacienda de los Estanques, que es muy cuantiosa (...), produce muchísimo cacao, y de todos frutos de tierra caliente, y tiene buenos trapiches, tiene muy linda capilla con órgano, y muy bien ornamentada. Valía treinta mil pesos, y tenía más de ciento y cincuenta esclavos”. (De Oviedo, Basilio Vicente, ob. cit). 

Autor: Rubén Alexis Hernández
Historiador

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