Laguna Negra

Esta Laguna es uno de los principales atractivos turísticos del estado ya que llama la atención su color oscuro...

Leyendas de Merida

Mérida es rica en mitos y leyendas, tanto de origen indígena como las creadas a través de los tiempos por los campesinos del páramo....

La Trampa

Lugar sagrado, escondido entre las nubes, refugio de indios, tribus de los Mucuúnes, Jamuenes, Casés, y Quinaroes, habitantes alrededor de la Laguna de Urao...

Gastronomía merideña (historia y evolución)

La comida merideña consta de gran variedad de delicias gastronómicas de singular preparación...

Historia y herencia cultural

En sus valles y mesetas se asentó la civilización Tatuy (significa precisamente, lo más antiguo), la cual alcanzó un alto grado de desarrollo cultural...

19 ago 2013

La Sierra Nevada y su mención en los documentos coloniales

Autor: Rubén Alexis Hernández A.
Historiador

En días pasados fuimos testigos de unas impresionantes nevadas en las cumbres más altas de nuestros Andes, siendo privilegiados al contemplar un fenómeno climático cada vez más raro en los paisajes merideños. Picos como el Bolívar, el Humboldt, el Pan de Azúcar, El Toro y el aún llamado por algunos como El Águila, fueron cubiertos una vez más con el hermoso manto nival que deleitó los sentidos de propios y extraños; las nevadas cayeron con más intensidad en el Collado del Cóndor y en la Sierra Nevada, especialmente en las cimas que, bautizadas por Tulio Febres Cordero como las Cinco Águilas Blancas, aún hacen honor a esta denominación.
 

Ya que hicimos mención de la Sierra Nevada, valga el presente artículo para exponer en parte algunas de las primeras referencias escritas sobre este conjunto orográfico, fechadas entre los siglos XVI y XVII. Si bien es probable que el término nevada fuera empleado por primera vez antes del ingreso de los conquistadores españoles en los Andes merideños, sólo disponemos de referencias posteriores a la “fundación” de la ciudad de Mérida: Relatos de cronistas, descripciones de visitadores, autos de Población, entre otras. 

Aquí transcribimos un extracto de dichas referencias: 

1. “Y por estos justos respectos quiso enviar antes de poblar a Juan Esteban el valle arriba que llegase hasta el paraje de la propia Sierra Nevada y viese y considerase las poblaciones que en comarca de ella había, y si la tierra desde allí adelante daba demostración de ir poblada, porque a esta sazón Juan Rodríguez y los demás españoles estaban apartados del paraje de la Sierra Nevada, casi hacia el poniente, poco más de cuatro leguas” ( El cronista Pedro de Aguado sobre una expedición de los hombres de Juan Rodríguez Suárez, con punto de partida en el sitio de la primera “fundación” de Mérida, y punto de llegada en una zona que consideraran más apta para reasentar a esta población). 

2. “El sitio donde hoy permanece la ciudad de Mérida con este nombre, por habérsele perdido, como dijimos, el otro, es un valle que corre algo pendiente Norte Sur, a sesenta y dos grados y dos minutos de longitud del meridiano de Toledo, y seis de latitud al Norte, entre dos quebradas, la una llamada Albarregas y la otra Chenca (por decir Chama), que mejor se le dirá caudaloso rio que se origina desde los páramos de Cerrada y va recogiendo las más de sus aguas de las Sierras Nevadas a cuyo pie está este valle de la ciudad” (El cronista Pedro Simón describiendo a Mérida, primeros años del siglo XVII). 

3. “Resguardo. Y para que todos los dichos yndios y las yndias pobres y huérfanos ylos demas de los dichos repartimientos de Tabay Aricaguas Tatey Mucaria y Valle de los Alisares que asi se mandan poblar y reducir a la dicha nueva poblacion y sitio de Tabay tengan tierras utiles y de labor suficientes y fertiles para sus labranças particulares de año y vez y de comunidad y para sus plazas egidos propios pastos y valdios y criança de sus ganados y arboles frutales rraizes y legumbres les da y desde luego les señala y adjudica por resguardo todas las que ay desde la punta del arcabuco que baxa del paramo de las sierras Nevadas sobre la quebrada que llaman Mucutubague (…)” (Señalamiento y adjudicación de tierras de resguardo a los indígenas del Pueblo Nuevo de Tabay, en Agosto de 1619). 

4. “(…) por la qual en nombre del Rey nuestro señor y por virtud de sus poderes que para ello tengo encomiendo en bos el dicho Bartolome Yçarra los dichos dos repartimientos de yndios del apellido de los nebados en el valle de las acequias y de la quebrada de los vizcainos de mucusnumpu que el dia de oy unos y otros seran treynta yndios con sus familias y sus anejos y pertenecientes que asi vacaron por muerte del dicho Juan de Bergara y despues por pribacion del dicho Andres de bergara ya difunto (…)” (Mención, en la década de 1630, de la población conocida hoy día como Los Nevados; el topónimo se aplicó en honor a la Sierra Nevada).

5 ago 2013

Notas históricas sobre San Juan de Lagunillas

Por: Rubén Alexis Hernández
Historiador

Valga el presente escrito a propósito de las festividades en honor a San Juan, llevadas a cabo en distintas partes de Venezuela, y con el 24 de Junio como día central. 
 
 El pueblo conocido actualmente como San Juan de Lagunillas, capital de la parroquia del mismo nombre (municipio Sucre, estado Mérida), se ubica a unos 25 kilómetros de la ciudad de Mérida y a unos 1.059 metros sobre el nivel del mar; se caracteriza geográficamente por tener: un clima cálido y seco, relativa escasez de agua dulce, vegetación xerófita, entre otros aspectos. Fue ocupada por diversos grupos humanos desde mucho antes de la llegada de los españoles, tal como otros tantos sitios en los Andes merideños. En este contexto exponemos algunas notas que consideramos pertinentes para comprender el pasado y presente socioespacial de esta población merideña. 

 1.- Durante el periodo prehispánico la zona, cercana a Zamu o Jamun, (actual Lagunillas e importante núcleo social y religioso de la época), estuvo habitada por una relativamente numerosa población indígena, concentrada en el pequeño valle que sirve de asiento al San Juan de hoy, y en otras superficies planas o semiplanas en los alrededores. Su existencia se fundamentaba en un modelo socioproductivo comunitario; las viviendas eran bohíos de forma circular, elaborados con materiales como piedras, madera y paja; su subsistencia dependía básicamente de la agricultura, de la cría de algunas aves y de frutas silvestres como piña, aguacate, guayaba y otras; había una interacción armónica con los distintos componentes medioambientales, fenómeno que se reflejaba en el sistema mágico-religioso. 

2.- En las cercanías de lo que hoy día es San Juan fue asentada por primera vez la Mérida colonial: “(…) y en aquel propio sitio donde estaba alojado, que es casi la última parte de la Lagunilla, yendo hacia la Sierra Nevada, pobló un pueblo con sus ceremonias acostumbradas, al cual llamó la ciudad de Mérida (…)” (Fray Pedro de Aguado, “Recopilación historial de Venezuela”). Posteriormente Mérida fue trasladada en dos oportunidades, hasta su ubicación definitiva en el actual casco central de la ciudad andina. Con la llegada de los colonizadores hispanos al continente americano se implantaron una serie de estructuras, y el área de San Juan no fue la excepción. Pronto los europeos sometieron a los indígenas mediante la Encomienda y la evangelización, y los obligaron a ser fieles al rey de España y a servir al sistema colonial como mano de obra y como tributarios. 

3.- De acuerdo a ciertas ordenanzas de poblamiento, los indígenas sometidos debían ser concentrados demográficamente en forma de pueblo de españoles, para facilitar de esta manera su control y su adoctrinamiento cristiano. Durante muchos años los naturales del lugar aquí reseñado estuvieron agregados administrativa y territorialmente a Lagunillas, hasta que el 27 de Julio de 1674, por limitaciones espaciales, se ordenó su regreso a la microrregión de San Juan (Edda O. Samudio A., “Los Pueblos de Indios de Mérida”). Aparentemente el año en cuestión representó el origen del topónimo San Juan, si bien no era de Lagunillas sino de Mucuhun o Mucujun. 

4.-Para la segunda mitad del siglo XVIII, San Juan era, desde el punto de vista eclesiástico, un curato, y su economía y subsistencia dependían del cultivo de caña dulce, cacao, algodón, yuca y cambur. La importante producción de caña en San Juan estimuló el surgimiento de numerosos trapiches allí, cuya presencia aún es relevante, siendo sus panelas comercializadas y consumidas en todo el estado Mérida y otras partes de Venezuela. También destacaba la cría de ganado, en especial del caprino, aprovechándose las condiciones geomorfológicas y biogeográficas de la zona. Habitaban unos 100 indígenas y unos 40 vecinos (“blancos”). 

5.-La llegada del periodo republicano no significó grandes cambios para San Juan. Hasta la construcción de la carretera Trasandina y de la carretera Panamericana, fue una localidad ajena en cierta medida a las transformaciones que progresivamente se daban en una Venezuela independiente de España, pero vinculada cada vez más al capitalismo global, y por tanto con la necesidad de modernizarse en un sentido general. Aún en el presente, San Juan conserva algunos rasgos del pasado colonial, e incluso de la etapa prehispánica. Estos rasgos se aprecian, por ejemplo, en la presencia de edificaciones en base a tapia, piedras y madera, y en la trascendencia de algunas creencias religiosas. 

6.- Hoy día San Juan es la segunda parroquia con más población del municipio Sucre; su economía aún depende en buena medida del cultivo de la caña dulce y su procesamiento; se comunica por carretera con Lagunillas y Jají; y destaca la presencia en el lugar de un Jardín Botánico de la Universidad de Los Andes, y del CEPRA (Centro Penitenciario Región Los Andes).

Imagen : http://bitcoraymemoriasblogetmmoires.blogspot.com

22 jul 2013

Tulio Febres Cordero y la radical Mucu

(A 75 años de la muerte del escritor merideño).
Por  Rubén Alexis Hernández A.


En los Andes venezolanos, y específicamente en el estado Mérida, hacer referencia a Tulio Febres Cordero es hacer referencia de andinidad. Y es que este personaje, uno de los principales escritores de finales del siglo XIX y primera mitad del siglo XX en Mérida, ha sido bien conocido por identificarse como merideño tradicionalista de pura cepa y por ser de los pocos en estudiar a Mérida en un contexto polifacético. Entre otras cosas, Febres Cordero se interesó por la lingüística indígena, dentro de la que destaca su abordaje de la nomenclatura geográfica como herramienta efectiva para el estudio de las antiguas lenguas merideñas. 

En el presente escrito queremos destacar el interés del merideño por la radical (raíz lingüística) Mucu, presente en numerosos topónimos de Mérida: Mucurubá, Mucuchíes, Mucutuy, Mucujepe, Mucuchachí (centros poblados), Mucubají (laguna), Mucujún (río), Mucupiche (páramo), entre otros. Considérese, en primer lugar, que Febres Cordero al notar la abundancia de onomásticos contentivos de Mucu, elaboró una lista con más de 100 nombres de “pueblos, ríos, territorios, quebradas, alturas, lomas, cañadas y sitios determinados” (“Procedencia y lengua de los Aborígenes de los Andes venezolanos”, p.38), e hizo referencia a un área etnolingüística caracterizada por el predominio de dicha raíz. A partir de aquí el escritor andino abordó diversos aspectos de la radical en cuestión, particularmente su morfología y su significado. 
 
 En primer lugar Febres Cordero advertía que Mucu sólo era una forma aproximada de plasmar, por medio de la escritura, una voz indígena bien común desde el periodo prehispánico. En este sentido tanto la radical Mucu como otras tantas voces indígenas transcritas por los colonizadores, sufrieron, de acuerdo a Febres Cordero, un proceso continuo de “corrupción” lingüística, como consecuencia, en gran medida, de la variopinta percepción fonética por parte de los escribanos. Tengamos en cuenta que nuestros indígenas no manejaron la escritura tal como la conocemos, siendo fundamental el lenguaje oral para la transmisión del pensamiento: “Uno de los escollos de la recolección de voces entre los indios (...), está en la corrupción de su lenguaje por la mezcla con el español, ora sea porque adulteren el indígena, introduciendo en él elementos fonéticos de Castilla, ora porque alteren los vocablos castellanos hasta el grado de hacerlos aparecer como indígenas (...)” (“Procedencia y lengua…, p. 23). 

En el caso de la raíz Mucu, Febres Cordero apuntaba que también pudo haber sido transcrita como Moco, Muca, Moque, Moca, entre otras grafías con un sentido fonético similar o muy parecido, al menos para el escritor. De manera que en este apartado el merideño incluía a nombres geográficos de Mérida como Mocomboco, Mocoguay, Mocochopo, Moconoque, Mocotíes, Mocotoné, Mocao, Mocaquetá, Moquey y Moqueo, algunos de ellos ya referenciados durante el periodo colonial, y vigentes en el presente socioterritorial andino. 

En cuanto al significado de Mucu el escritor merideño, apoyándose en los planteamientos de antecesores como el zuliano José Ignacio Lares, y en un poco de imaginación propia de novelistas y cuentistas, llegó a una conclusión un poco contradictoria y por tanto lejos de ser concreta, cuando señaló que desconocía el significado exacto del término a la vez que aseguró describía un sitio o lugar cualquiera, tal como puede verse a continuación: “ (...) dicho también moco, voz muy común al principio de las voces territoriales en torno de las Sierras Nevadas de Mérida principalmente (...) A la verdad, no podemos aseverar qué significa aisladamente mucu (...) Es indudable que tal raíz expresa la idea de sitio o lugar (...)” (“Procedencia y lengua de los Aborígenes…”, pp. 31-32). 

Curioso resulta que en nuestros días numerosos merideños creen efectivamente que Mucu significa lugar o sitio, a pesar de las dudas que al respecto expresó el mismo Tulio Febres. En este orden de ideas pensamos que también es importante tener en consideración los planteamientos que sobre la raíz Mucu han sido expuestos por otros estudiosos del pasado indígena en Mérida, valiosos de una u otra manera. Y aún así, al día de hoy sigue sin saberse a ciencia cierta al menos la grafía “correcta” de esta radical, y por tanto es evidente que se hace necesario continuar con la evaluación de un aspecto relevante no sólo desde el punto de vista lingüístico, sino esencial para el conocimiento íntegro de los antiguos pobladores de lo que hoy día es el estado Mérida.

1 nov 2012

El empleo de animales en las comunicaciones merideñas

Autor: Rubén Alexis Hernández A.
 Historiador

Con anterioridad al empleo de medios automotores para el desplazamiento humano por el territorio merideño, los pobladores andinos debían recorrer los distintos paisajes exclusivamente de forma pedestre o a lomo de animales como el caballo o la mula. Considerando la dificultad que entrañaba movilizarse a pie, en especial por la complejidad geomorfológica y climática de las áreas montañosas, es evidente que equinos como los mencionados se llegaron a transformar en elementos claves para las comunicaciones, siendo bien útiles para la ocupación, organización y modificación espacial de Mérida entre comienzos del periodo colonial y mediados del siglo XX. Es indudable que sin la presencia del medio de tracción animal hubiera sido bien complicada, por ejemplo, la presencia durante el periodo colonial de un circuito comercial efectivo en torno al valle longitudinal del río Chama. 

Tengamos en cuenta, primeramente, que fueron los españoles quienes introdujeron animales característicos de sus tierras (Península Ibérica) a los Andes merideños, considerando que podían ser tan útiles en el “Nuevo Mundo” como en España. Desde el punto de vista de las comunicaciones fueron introducidos el asno o burro y el caballo, y como un híbrido de éstos se obtuvo la mula. Como medio de transporte estos equinos se clasificaron en: 1) De carga, cuando fueron empleados para el transporte de alimentos y mercancías; y 2) De montura, cuando solamente transportaban personas. A pesar de que el caballo y el burro fueron los primeros animales de tracción introducidos por los colonizadores, es necesario acotar que, en zonas como la cuenca alta del río Chama, dominada por una abrupta topografía generalmente superior a los 2.500 metros sobre el nivel del mar, la mula llegó a ser el medio de transporte más utilizado, debido a las ventajas sobre otras bestias, específicamente como medio de carga. Algunos baquianos y arrieros actuales aseguran que la mula es capaz de soportar pesos cercanos a los 100 kilogramos, o incluso un poco más. En este orden de ideas el investigador Nelson Paredes Huggins indica:

(...) la mula presentaba innegables ventajas por tener mayor capacidad de carga que el burro, y una resistencia superior a la del caballo (...). La utilización del caballo y del burro como medios de transporte dependía, respectivamente, de la forma del relieve y de los recursos económicos disponibles. En el caso del caballo, las laderas y páramos andinos limitaban considerablemente el empleo del mismo, especialmente como bestia de carga. El caso del burro difiere de la anterior, por cuanto el relieve montañoso andino no era una limitación para él (...)” (Nelson Paredes Huggins, “Vialidad y comercio en el Occidente venezolano”, 1984, pp. 60-61).
Con la llegada del automóvil a tierras andinas, poco a poco fue disminuyendo el empleo de animales como medio de transporte, especialmente en aquellas áreas ubicadas a lo largo de carreteras como la Trasandina o la Panamericana. Sin embargo no se ha prescindido totalmente de los equinos para el transporte de personas y mercancías, y como prueba de ello podemos mencionar que en poblaciones como Los Nevados, Mucumpiz (pueblo cercano a Torondoy), El Hernández (Mucurubá), Gavidia, Acequias y La González (Páramo Los Conejos), es relativamente común la presencia de baquianos y arrieros conduciendo caballos, mulas o burros con alimentos, diversos productos de uso cotidiano y/o lugareños. Adviértase en este sentido que los animales siguen siendo fundamentales para las comunicaciones en aquellos lugares en los que no hay acceso automotor o es muy limitada la presencia de automóviles; tal es el caso de Los Nevados, adonde sólo llegan algunos vehículos rústicos y motocicletas, y de la aldea La González. 
 
Desde hace algunos años la utilización de los equinos en las comunicaciones merideñas, ha recibido un notable impulso gracias al sector turístico, específicamente al ecoturismo, modalidad que ha estimulado el recorrido de merideños y visitantes por antiguos caminos, algunos de ellos de desplazamiento frecuente durante el periodo colonial. Estas rutas, conocidas en el argot turístico como Caminos Posaderos Andinos, por formar parte de paquetes de excursionismo ofrecidos para quienes se hospedan en las renombradas Mucuposadas, son exigentes en buena medida, y por tanto algunos excursionistas requieren de animales para su movilización. 

De manera que en algunas partes de Mérida aún es importante el medio de transporte animal, y lo seguirá siendo mientras existan los antiguos trazados viales, la presencia de poblaciones semiaisladas y el interés por conocer y disfrutar los diversos paisajes andinos.

18 jul 2012

Apunte histórico de Cacute

Por Rubén Alexis Hernández A.
Historiador

Valga el presente escrito en el marco de la festividad religiosa en honor al Santo Niño de Cacute, cuyo día central es el 14 de Enero. La población mencionada, capital de la Parroquia del mismo nombre, tiene su asiento en el valle alto del río Chama, a orillas de la Carretera Trasandina, y es un punto más o menos intermedio entre las localidades de San Rafael de Tabay y Mucurubá, aunque más cercano a esta última.

Durante el periodo prehispánico habitaban en los alrededores de lo que hoy es Cacute algunos indígenas, con características materiales y simbólicas parecidas a los aborígenes del resto de los Andes merideños. Para su sustento diario dependían en gran medida del cultivo de algunos tubérculos, leguminosas y maíz; ocasionalmente consumían la carne de animales como el venado, el conejo y algunas aves abundantes en la zona. Su alimentación era complementada con rubros obtenidos por intercambio con indígenas de otras partes del valle del Chama y/o del occidente “venezolano”. No se consideraban propietarios de la tierra, al menos en el sentido moderno de la propiedad agraria, sino que la usufructuaban colectivamente en beneficio evidente de todos los miembros de la comunidad. Vivían en chozas o bohíos generalmente de forma circular y construidos en base a piedras y otros materiales presentes en el área. Desde el punto de vista espiritual, los antiguos pobladores de Cacute sacralizaron lagunas, páramos, cumbres y otros elementos geográficos, y creían que en tales espacios moraban ciertas entidades sobrenaturales encargadas de la protección de los mismos. Consideraban los aborígenes que dichas entidades eran capaces de beneficiarlos o perjudicarlos en su vida cotidiana, y por tanto recurrían a la celebración periódica de rituales y a la entrega de ofrendas para ganarse su buena voluntad.

Para la segunda mitad del siglo XVI algunos conquistadores europeos ya tenían conocimiento de la zona de Cacute, y no pasará mucho tiempo para que dicho territorio sea incorporado jurídicamente a la Corona Española. En lo sucesivo Cacute estará sujeto a la implantación estructural requerida para la formación del orden colonial, proceso en el que la Encomienda jugará un papel esencial, concretamente en cuanto a la necesaria concentración espacial de los indígenas de acuerdo a las ordenanzas de poblamiento emanadas por la Corona. Téngase en cuenta que además de los naturales de la localidad, serán encomendados aborígenes asentados montaña adentro (principalmente en la vertiente sur de la Sierra Nevada, hacia los lados del piedemonte andino-llanero). Pero si bien para el año 1602 ya se hacía referencia al Repartimiento o Pueblo de Encomienda de Cacute, con Hernando de Alarcón como encomendero, la ubicación del mismo no era precisamente la de la localidad actual, característica que dificultaba la evangelización de los indígenas y su control por parte de los colonizadores. Para solventar esta situación se ordenó la agregación de Cacute al Pueblo Principal de Mucurubá en 1619, situándosele a orillas del Camino Real Interandino, aproximadamente en el lugar que aún ocupa. A partir de este año Cacute pertenecerá a Mucurubá, y recién en 1986 será separado administrativamente al crearse el Municipio Foráneo Cacute. Con lo apuntado en este párrafo se desmiente que Manuel Valero Pacheco haya sido el “fundador” de Cacute a finales del siglo XVIII, según lo indican algunas versiones.

Destáquese que durante el periodo colonial de Cacute la agricultura continuaba como el principal medio para la obtención de los alimentos cotidianos; mientras tanto la actividad pecuaria tenía cierta importancia con la crianza de ganado mayor y menor y de aves de corral. Además de los rubros prehispánicos, eran cultivados cereales, leguminosas, hortalizas y frutas introducidas por los colonizadores. Sobresalía en este apartado el trigo y su harina, cuya comercialización trascendía la jurisdicción de Mucurubá y representaba una importante fuente de ingresos, en especial para españoles y criollos (propietarios de estancias y molinos). A pesar de la importancia de este cereal en la zona, incluso en el ámbito simbólico, es importante acotar que su manejo agroecológico inadecuado llegará a ser muy perjudicial para los suelos locales, particularmente para los de ladera, bien proclives a la erosión. De todo ese auge triguero no quedan sino los recuerdos y algunas huellas materiales (como eras y molinos).

Desde el punto de vista religioso, el cristianismo desplazó parcialmente a las antiguas creencias mágico-religiosas, y representó un elemento clave de la colonización en Cacute, no sólo por la conversión espiritual de los indígenas, sino por el ordenamiento territorial derivado de la agrupación de aborígenes en torno a una iglesia, en este caso la de Mucurubá. Evidentemente el cristianismo se consolidó y trascendió en el imaginario colectivo, englobando hoy día a festividades como la que se realiza en honor al Santo Niño de Cacute.

Grafica Cacute de Enrique La Marca

3 may 2012

A 60 años de la creación del Parque Nacional “Sierra Nevada”

Por: Rubén Alexis Hernández A.
Historiador

Primeras exploraciones coloniales en la Sierra Nevada.

Recientemente se cumplieron 60 años de la creación del Parque Nacional “Sierra Nevada”, uno de los de mayor extensión del occidente venezolano, y cuya importancia radica en la notable biodiversidad, en la abundante producción hídrica, en la presencia de poblaciones antiguas, en la belleza paisajística, entre otros atributos. Así se resume la justificación del Gobierno venezolano de 1952 para la creación de dicho Parque: “Que con la creación de los referidos parques, se atiende a la preservación permanente de las aguas y de la flora y fauna autóctonas; a la formación de centros de interés para estudios científicos y de investigación, así como para el fomento del turismo y (...)”.

Apenas arribaron los primeros españoles al valle del río Chama, principal curso fluvial de los Andes merideños, hicieron las primeras incursiones en los alrededores de lo que se conocía como Sierras Nevadas (nombre que hacía referencia a la presencia de nieve permanente en algunas cumbres). De esta manera exploraron parcialmente el conjunto montañoso identificado hoy día como Macizo del Sur (donde se ubican los muy conocidos Pueblos Del Sur), colindante con la estribación sur-occidental de la Sierra Nevada. Entre otras zonas, los conquistadores se desplazaron por la subcuenca del río Nuestra Señora, y allí se percataron de que era un espacio densamente poblado a pesar de que las condiciones paisajísticas no parecían las más idóneas: aridez, erosión, cierta escasez de agua dulce, entre otras. En esta subcuenca se ubican actualmente localidades como San Antonio de Acequias, San José del Sur, El Morro y Los Nevados.

Luego de la incursión al Macizo del Sur, una expedición a cargo de Juan Rodríguez Suárez, “fundador” de la ciudad de Mérida, recorrió todo el valle alto del río Chama y una parte del curso superior del río Santo Domingo, y al parecer habría explorado, aunque de manera fugaz, la Sierra Nevada montaña adentro. Pero el carácter superficial de esta expedición no será desaprovechado; resultará en un importante precedente informativo para beneficio del capitán Juan de Maldonado y su tropa, quienes lograron realizar una exploración más detallada de la Sierra Nevada:

“(…) de allí envió a Bartolomé Maldonado con gente que atravesando la cordillera de la Sierra Nevada más arriba viese lo que de la otra banda había. Caminaron algunos días por aquel paraje y páramo que era bien ancho y despoblado, y en acabándolo de pasar dieron vista a los llanos de Venezuela (…)”.


Tras esta expedición hubo una serie de incursiones a lo largo y ancho de la Sierra Nevada, que en gran medida posibilitarán el conocimiento humano y paisajístico del territorio, y por tanto el control de los indígenas en Pueblos de Encomienda y la oportunidad de establecer comunicaciones con distintos espacios geográficos, en especial con el piedemonte andino-llanero y con los Llanos barineses. Fue, durante el transcurso de dichas expediciones, cuando los colonizadores notaron que diversos valles transversales conectaban de forma relativamente fácil a la cuenca alta del Chama con Barinas; uno de estos valles servirá de asiento al conocido “Camino de Los Callejones”, específicamente el correspondiente a la parte superior del río Santo Domingo.

Para mediados del siglo XVII el conocimiento de la Sierra Nevada por los colonizadores de la cuenca alta del Chama era tal, que en distintos documentos de la época se percibe la familiaridad que parecían tener con el espacio geográfico las autoridades y otros personajes de la Provincia de Mérida. Incluso en dichos documentos abundan los topónimos, signo evidente de la “apropiación” paisajística en favor del orden hispánico:
“(...) y luego va corriendo el dicho resguardo desde el dicho rio de Chama atravesándole y pasando de la otra bande del hasta llegar a un quebrada que llaman Mucuyao y por otro nombre Mocaho que entra en el dícho rio de Chama y por la dicha quebrada arriba hasta lo alto del paramo y peñas que llaman Mucuguaguo y de alli bajando hasta dar en la quebrada Mucumbas que entra en el dicho rio grande de Chama (...)”.

Rubén Alexis Hernández A.

3 ene 2012

Conozcamos a Mérida

Autor: Rubén Alexis Hernández A. Historiador

En el presente escrito queremos exaltar de forma parcial las bondades que ofrece el Estado Mérida al visitante, desde paisajes que van desde los 0 metros sobre el nivel del mar hasta la zona de nieves permanentes, hasta la amabilidad y sencillez de su gente. Si bien dicha entidad es considerada como uno de los destinos turísticos por excelencia en Venezuela (a pesar de que aún no funcionan el Sistema Teleférico y el aeropuerto), incluso para numerosos extranjeros, resulta que no conocemos ni la mitad de su superficie, y por tanto nos abstenemos de disfrutar condiciones geográficas y humanas extraordinarias. No resulta extraño que algunos merideños aseguren conocer media Europa, Estados Unidos y casi toda América Latina, pero a duras penas habrán escuchado de los Pueblos del Sur, o de las centenares de lagunas ubicadas en los páramos, o de algunos monumentos naturales.

Más allá de las razones que puedan tener aquellos merideños poco interesados en el turismo interno, es importante tratar de convencerlos de que gracias a la variedad de pisos altitudinales Mérida fue privilegiada con la presencia de páramos, selvas, llanuras aluviales, bosques nublados y otros ecosistemas en un área relativamente reducida (11.300 km2), y por tanto goza de una biodiversidad importante. Al respecto es necesario destacar que hay muchas zonas en el Estado Mérida que merecen ser conocidas, especialmente por el trato cordial y servicial de sus habitantes. Uno de estos espacios está constituido por los llamados Pueblos del Sur, entre los que se encuentran Los Nevados, San Antonio de Acequias, Mucutuy, El Morro, San José del Sur y Pueblo Nuevo. En los dos primeros, ubicados a la espalda de la Sierra Nevada, el paisaje impresiona por la vista de las montañas circundantes y del relieve modelado por el río Nuestra Señora, y hay gente bien amable con el visitante, a quien le informan sobre la geografía y la historia local, y si es el caso le guían en sus recorridos por sitios de interés monumental y natural. Estar en uno de estos pueblos es como estar en lugares olvidados en un tiempo remoto, en el que predominaban la agricultura escasamente tecnificada y la arquitectura en base a tapia, teja y piedra, y no había la contaminación variopinta propia de la modernidad. A pesar de que el estado de las vías para acceder a estos poblados no es el ideal (la mayor parte del trazado es de tierra), el sólo hecho de arribar a ellos compensa con creces el sacrificio que pueda significar el desplazamiento por tales vías.

Luego hay algunas poblaciones en la cuenca alta del río Chama que son escasamente conocidas por los merideños. Aquí se encuentran localidades como Mitivibó y Micarache, donde el paisaje parece cubierto con millones de frailejones y la candidez del grueso de sus pobladores es conmovedora. En el caso de Miitivibó, pueblo ubicado a unos 3.400 metros sobre el nivel del mar, es parcialmente incomprensible su desconocimiento, toda vez que se ubica en el trayecto de una de las vías de acceso al observatorio astronómico de Llano del Hato, destino importante dentro del turismo merideño. Además de las localidades como tal, el visitante tiene la posibilidad de conocer distintos lugares más o menos cercanos, contando siempre con la guía de los pobladores. En cuanto al estado de las carreteras para llegar a Mitivibó y Micarache, consideramos que es regular, apto para todo tipo de vehículos en buenas condiciones, al menos en la ruta de acceso a Mitivibó.

En tercer lugar hay ciertas poblaciones asentadas en el norte de la entidad merideña, en la zona de transición entre la Cordillera merideña y las tierras bajas del Sur del Lago de Maracaibo. Se trata, entre otras, de Piñango, Torondoy y Mucumpís, poblados que desde tiempo antiguo han sido puntos intermedios en la comunicación de la cuenca alta del río Chama con el Lago de Maracaibo. Particularmente agradable a la vista resulta el verdor de las montañas que rodean a Torondoy y Mucumpís, así como el colorido de los diversos cultivos. Salvo la carretera de tierra que conduce desde Torondoy hasta Mucumpís, las vías de acceso son aptas para todo tipo de vehículos. Respecto a la carretera de tierra en cuestión, su recorrido en automóviles 4x4 representa toda una aventura.

Con esta muestra paisajística y humana del Estado Mérida, consideramos que hemos aportado un granito de arena para impulsar el turismo en aquellos espacios que hasta el día de hoy no han sido ampliamente conocidos por los merideños. El mensaje es una invitación para que en Mérida nos identifiquemos mucho más con su diversidad paisajística y con la calidez y cortesía propias del gentilicio andino.

12 dic 2011

Mucurubá: Breve etimología y origen colonial del poblado

Por: Rubén Alexis Hernández A.
Historiador

Mucurubá es un topónimo indígena para denominar a una zona (cono de deyección) de la cuenca alta del río Chama en la que los colonizadores ubicaron progresivamente a numerosos aborígenes encomendados. Desde el punto de vista etimológico, desconocemos el significado preciso del onomástico, condición similar para el resto de nombres contentivos de la radical Mucu. No obstante algunos creen que la terminación ruba simplemente hace referencia a la abundancia en el lugar de un tubérculo conocido con la misma voz, y que por tanto Mucurubá significaría lugar o sitio de la ruba; y no distan de tener alguna razón, considerando que la ruba era uno de los vegetales más apreciados por los habitantes prehispánicos de los altos Andes “merideños”, incluidos los mucurubenses. Aún en nuestros días se consume el tubérculo, que por lo general crece de forma silvestre.

Para la década de 1580 ya figuraba en distintos documentos un Pueblo de Encomienda transcrito como Mucurua, Mucurugua, Mucuruba, entre otras grafías. Estaba a cargo de Pedro Estevan, y tenía una población de 113 indígenas en el año 1586. Mientras que algunos estiman que la “fundación” del poblado corresponde a este año, cuando habría quedado constituida la primera Encomienda del Valle de Mucurua (así llamaban los colonizadores al lugar que ha servido de asiento a Mucurubá), otros aseguran que debe tomarse en cuenta a diciembre de 1619, en el marco de la organización político-territorial-religiosa proyectada por el visitador Alonso Vásquez de Cisneros. Considérese que en esta última fecha se ordenó la agregación de los naturales de diversas Encomiendas al Pueblo Nuevo de Mucurua (referenciado en algunos textos como San Juan de Mucurua), en lo sucesivo el eje socioespacial y administrativo de la micro-región homónima. Por medio de esta medida los colonizadores intentaban concentrar y someter a aquellos indígenas que aún se encontraban dispersos, sin el “beneficio” de la evangelización y la “protección” de los encomenderos. En total fueron agregados seis Pueblos de Encomienda: Mucurua (2), Mucupiche, Mucunoc, Cacute y Escaguey.

El lugar escogido para el asentamiento del Pueblo Nuevo de Mucurubá correspondió en buena parte a la ubicación del actual centro poblado. En aquel tiempo se quería tomar ventaja de características geográficas importantes: Presencia de una superficie relativamente plana y amplia, cercanía de fuentes de agua dulce, existencia de vegetación maderable, comunicación natural con otras áreas del espacio altoandino merideño y del occidente “venezolano”, entre otras.

Gráfica: Plaza Bolivar de Mucurubá (Edwin Mora)

2 jul 2011

Vida cotidiana en la Provincia de Mérida (1811)

Autor: Rubén Alexis Hernández Arena
Historiador

Valga el presente artículo en el contexto de la conmemoración de los doscientos años de inicio oficial del proceso independentista en Venezuela, época en que la Provincia de Mérida ya se había separado de Maracaibo, y su jurisdicción abarcaba aproximadamente el mismo territorio que pertenece hoy día a los Estados Mérida y Táchira. Desde el punto de vista político-territorial la Provincia estaba dividida en ocho Partidos: Mérida, Ejido, Timotes, Bailadores, San Cristóbal, San Antonio, Lobatera y La Grita, siendo Mérida y San Cristóbal sus principales centros poblados, con algunos miles de habitantes y la institucionalidad propia de las ciudades.

En este escrito haremos una breve reseña de la vida cotidiana en los albores de la Independencia en los Partidos mencionados, entendiendo como vida cotidiana a una categoría que engloba un conjunto de aspectos y relaciones sociales que influyen de diversas maneras en el quehacer diario y/o frecuente de los pueblos. En general se trata de una categoría a la que los historiadores tradicionales han dado poca importancia. Los elementos a tomar en cuenta al respecto son los siguientes:

1. Distribución de alimentos y gastronomía: Por un lado se ofrecían al público, generalmente al por menor, distintos rubros agropecuarios y sus derivados en las numerosas pulperías o tiendas ubicadas a lo largo y ancho de la Provincia de Mérida, mientras que en la Plaza Mayor de poblaciones como Mérida y San Cristóbal se destinaba uno o más días de la semana para el mercadeo al por mayor y detallado de una importante variedad de productos transportados a lomo de bestia desde casi cualquier rincón de la geografía andina. El grano de trigo y su harina, las panelas, las hortalizas, las frutas, las hierbas medicinales, los huevos de gallina, las carnes, los quesos y otros rubros y derivados, eran vendidos, comprados o intercambiados semanalmente por aldeanos y habitantes de dichas ciudades. Esta distribución de alimentos en la Plaza Mayor de Mérida y San Cristóbal, representó el antecedente de la posterior comercialización agropecuaria en edificaciones conocidas como Mercados Públicos.

En cuanto a la gastronomía, considérese que se basaba en la producción agrícola y en la ganadería mayor y menor de la Provincia, y entre los platos más populares podemos mencionar a la arepa de trigo, a la arepa de maíz, a los guisados de ovejo, conejo, cerdo y pollo, a las sopas de leguminosas, entre otros. El beneficio del ganado en Mérida y San Cristóbal se llevaba a cabo en algunas carnicerías, generalmente ubicadas en las afueras de estas ciudades. Respecto a las bebidas, la chicha de maíz y el guarapo de panela eran muy consumidos, mientras que el café era un recién llegado a la mesa andina. También eran comunes ciertas bebidas alcohólicas, en especial el aguardiente derivado de la caña de azúcar.

2. Servicios públicos: En cuanto a la iluminación, destáquese que tanto en el ámbito interno (residencial) como en el ámbito externo (calles y plazas), se empleaban antorchas y velas o velones al aire libre o introducidos en lámparas; lejos estábamos del alumbrado eléctrico, puesto en funcionamiento, en el caso de la ciudad de Mérida, en el año 1898. Cabe acotar que la iluminación de las áreas públicas en las principales poblaciones era algo más bien extraño, limitado a aquellas noches de festividades religiosas y otros acontecimientos extraordinarios, mientras que el resto del año prácticamente reinaba la oscuridad. En lo concerniente al acceso al agua dulce, ésta era obtenida por los pobladores gracias al sistema de acequias o a su recolección directa en las fuentes. En aquella época el agua de buena parte de los ríos y quebradas de la Provincia de Mérida era apta para el consumo humano, a diferencia de lo que sucede en la actualidad. En este orden de ideas también vale la pena hacer referencia al servicio de correo, forma de comunicación indispensable ante la inexistencia del telégrafo, del teléfono y de otros medios. El oficio de cartero era relativamente bien pagado, considerando que en ocasiones el personaje a cargo de tamaña responsabilidad debía recorrer muchas leguas por caminos escabrosos.

3. Vías de comunicación y medios de transporte: Para 1811 la movilización de personas y el transporte de alimentos y diversos productos en la Provincia de Mérida, se hacía casi exclusivamente por vía terrestre, mediante una serie de caminos empedrados y/o de tierra. A los más amplios y en mejor estado se les conocía como Caminos Reales, y el más importante de éstos era indudablemente el Camino Real Interandino, ruta trazada sobre el valle longitudinal de algunos de los ríos más caudalosos de los Andes venezolanos: Chama, Motatán, Mocotíes, entre otros. Esta vía interconectaba a las provincias de Mérida y Trujillo, y antecedió al Camino Nacional y a la Carretera Trasandina. Además del Camino Real Interandino, otras rutas menos importantes eran frecuentemente recorridas, muchas de ellas transversales al eje central de la Cordillera de Mérida, y por tanto fundamentales para las comunicaciones entre la Provincia merideña, los Llanos barineses y Maracaibo. En aquellos tiempos era notable la incidencia de los factores climáticos, geomorfológicos, edáficos e hídricos sobre el trazado y las condiciones de las rutas, por lo que era necesario el constante mantenimiento vial, generalmente a cargo de los Cabildos y ejecutado por los pobladores en convites. Recordemos que en estos convites se reunía parte de las comunidades para llevar a cabo determinadas actividades, y su único “pago” consistía en alimentos y bebidas.

En lo relativo a los medios de transporte, los pobladores de la Provincia podían optar por el recorrido pedestre o por el desplazamiento a lomo de bestia, mientras que las llamadas carretas eran muy poco prácticas en el abrupto relieve andino. Para la tracción animal era empleado el ganado equino, específicamente el caballo, el burro y la mula, siendo este último animal un híbrido de los dos primeros, y el más capacitado para recorrer las zonas montañosas con importantes cargas a cuestas, incluso por encima de los 100 kilogramos. Eran muy comunes las caravanas de equinos transportando alimentos y mercancías por caminos reales y secundarios, a los que también se denominaba Caminos de Recuas, justamente por el paso frecuente de animales de carga y de montura. El arriero o conductor de las caravanas, oficio surgido de forma coactiva en el seno de la Encomienda, era un personaje bien importante para la época, algo así como el camionero actual.

4. Servicios sanitarios y expendio de medicinas: Eran realmente escasas las edificaciones destinadas para la asistencia sanitaria; en el caso de la ciudad de Mérida existían el Hospital de Caridad en la actual avenida 4 Bolívar, y el Hospital de Lázaros en lo que hoy día es la comunidad de Belén. De manera que la mayoría de enfermos simplemente se recuperaba o moría en su propio hogar, especialmente en las aldeas más alejadas de los principales centros poblados de la Provincia. Los galenos titulados prácticamente brillaban por su ausencia, entre otras razones por el hecho de que los estudios de Medicina en la Real Universidad de San Buenaventura eran bien recientes; de ahí que la medicina, fundamentalmente empírica, era ejercida regularmente por curanderos, quienes influenciados en buena medida por la antigua cosmovisión indígena, consideraban que la sanación de los enfermos no sólo era una acción tangible, sino que también se ubicaba en un plano mágico-religioso, en el que intervenían ciertas entidades sobrenaturales con su buena o mala voluntad. Destáquese en esta parte la presencia de las famosas comadronas, mujeres indígenas o mestizas que apenas se valían de su pericia y del uso de unas cuantas hierbas para facilitar los partos de las andinas. Sobre el expendio de medicinas, téngase en cuenta la escasez de boticas, como eran llamadas anteriormente las farmacias, y el predominio de la farmacopea botánica, aprovechada en buena medida por los curanderos. Dicha farmacopea se apoyaba en los principios activos y propiedades de numerosas plantas originarias e introducidas en la Provincia de Mérida.

5. Festividades y juegos: Sin duda alguna el primer lugar en este aspecto correspondía a las fiestas religiosas, como evidencia de la consolidación y trascendencia del catolicismo impuesto por los colonizadores, si bien las antiguas creencias y prácticas mágico-religiosas se negaban a desaparecer. Tanto en las ciudades como en las aldeas, se hacía un despliegue logístico enorme y un derroche monetario cada vez que se realizaban las festividades en honor a distintos santorales; incluso en ocasiones se organizaban las sangrientas corridas de toros, evento que irónicamente era mal visto por algunas autoridades eclesiásticas. Respecto a los juegos, estaban a la orden del día los de envite y azar, como las barajas y los dados, aunque de forma clandestina debido a la prohibición oficial. Entre los lugares elegidos para el juego, las pulperías eran los favoritos, y a menudo la ingesta de bebidas alcohólicas y el servicio de prostitutas formaban parte del entorno lúdico.

Graficas: Mapa Fuente Vikipedia.org
Real Universidad de San Buenaventura de Mérida Fuente Prensa ULA

12 jun 2011

Canaguá: Personajes importantes

Canaguá en el aspecto socio-cultural.
Fecha: 1920-1965

Personajes Importantes

Presbítero Adonay Noguera Mora. Levita que nació en la aldea Capurí de la Parroquia Libertad. Hizo sus primeros estudios en su aldea natal, luego ingresó al Colegio Sagrado Corazón de Jesús de La Grita, Estado Táchira, donde obtuvo el título de Bachiller enFilosofía y Letras. Después fue enviado al Seminario de Scherpenheuvel en las afueras deWillentad, isla de Curazao, dirigido por los padres Dominicos Holandeses de donde regresó como sacerdote. Fue cura párroco de Canaguá, Mucuchachí, Mucutuy, Aricagua, El Morro,Santa Bárbara de Barinas, El Real y Obispos, Estado Barinas. Clérigo con tantas bondades y eficacia, que dejó una huella imborrable por sus virtudes y su amor al progreso en todos los pueblos por donde pasó. Estudió las posibilidades viales entre los pueblos del alto llano Barinés, los Pueblos del Sur y el Páramo Merideño, por donde atravesaría la carretera transandina. Dirigió la construcción de varios caminos y templos, y trabajó sobre la roca apico y pala, como un obrero corriente; estimulando con el ejemplo el sentido del progreso comunal entre sus feligreses. Atravesando selvas en su mula parda, llevó el auxilio espiritual y corporal a sus hijos dispersos por tan grande y accidentado territorio. Fue un cura caminero para las gentes sin rumbo; un cura maestro para los niños ignorantes; un cura agricultor para los labriegos; y un cura médico de cuerpos y almas, con remedios en la valija y alimentos en el “pollero”. “El Padre Adonay murió como vivió, solo, tranquilo, humilde, compasivo, pobre, muy pobre, de limosna, porque todo lo supo dar, hasta su vida. Así debieron ser los santos. No hay otra manera”.

Rodolfo Mora. Educador, humanista ,jurisconsulto y tribuno. Nació en Canaguá; cursó sus estudios en Mérida y regresó después poseído de amplia cultura, y entregó su capacidad pedagógica a los jóvenes de aquella época. Mantuvo un antiguo teléfono de “Manilla”, que comunicaba con las poblaciones de Capurí, Guaraque y Pregonero.

Camilo Contreras. Es el primer maestro que conocieron los hijos de Canaguá; fue un educador ejemplar y un enamorado de la vida rural. Cultivó la poesía junto al paisaje físico de su propiedad en la aldea la Laguna; era nativo de estapo blación.

Don Eugenio Mora Molina. Como presidente de la junta comunal, desplegó una encomiable labor material y social, construyó con ayuda de la comunidad el edificio de la Antigua casa Municipal, el Puente Colonial de los Naranjos (Decretado PatrimonioHistórico y Cultural del Municipio, por el Alcalde Gerardo De Jesús Durán Mora); ayudó en la apertura de largas travesías “Las Lagunas Coloradas” aprovechadas hoy en día por l anueva y moderna carretera.

Don Hermes Corti Martínez. Durante sus largos años de vida constituyó el eje primordial de las proyecciones rurales, nativo de Guaraque. Amante del progreso ya que construyó el fluido eléctrico con sus propios esfuerzos y fundó la Empresa Eléctrica “Libertad” , la cual prestó servicios eléctricos gratuitos a la comunidad.

Poeta Neptalí Noguera Mora. Sobrino del Presbítero Adonay Noguera Mora y del Dr. Luciano Noguera Mora. Fue uno de los más finos prosistas que ha dado nuestra región, el Liceo de Canaguá lleva con orgullo su nombre.

Dr. Luciano Noguera Mora. Distinguido hijo de la aldea Capurí; uno de los más relevantes valores de la cultura andina venezolana, catedrático universitario, ex parlamentario y exgobernador del Estado Mérida. Fue embajador en Perú y Argentina donde nos representó dignamente, al grado tal, que la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima lo distinguió con el honroso título de Profesor Honorario de esa honorable instituciónhispano americana. En la historia, esta importante distinción solo la han recibido tres venezolanos; SimónBolívar, en los años esplendorosos de Libertador y creador de naciones; el Dr. RafaelCaldera, estadista, tribuno e intelectual y el Dr. Luciano Noguera Mora, el hijo de Canaguáy de los Pueblos del Sur Merideño.

Martín Morales. Pintor nacido en Canaguá en el año 1951, artista plástico de renombre nacional e internacional, sus obras pictóricas han sido reconocidas con las siguientes distinciones: Premio Grabado, CONAC; 1ra Bienal Nacionalde Dibujo y Gravado, Galería de Arte Nacional, Caracas; Premio Bernardo Rubinsteins, Salón Arturo Michelena, Valencia; Mención Especial, 2da Bienal Nacional de Dibujo y Gravado, Galería de Arte Nacional, Caracas; 1er Premio Gravado en el cuarto salón de Occidente, Mérida; Bolsa de Trabajo, Consejo Nacional de la Cultura para Investigación, Italia.

Agripina Molina Newman. Dedicó su juventud, su amor y su voluntad al servicio de la enseñanza, fue la primera maestra de escuela de la aldea Guaimaral en donde permaneció durante 28 años ininterrumpidos. Para aquel entonces se carecía de todo en esa aldea y el viaje hasta Canaguá, a lomo de mula, era de 8 horas. En invierno la situación era más critica ya que los ríos embravecidos se salían de sus cauces, los caminos angostos y fangosos se hacían intransitables, por lo que le tocó pasar varios años las vacaciones del mes de agosto en su escuela, saliendo solo para navidad si había buen tiempo.

Don Vicente García. Fue quien durante casi medio siglo (1920-1965) abasteció la población de alimentos y materiales agrícolas. Llegó a tener el arreo de mulas más numeroso que haya existido en la región. Lo que también se traducía en fuente de empleo para muchos padres de familia que se desempeñaban como “peones o arreadores”de mulas. Es el hombre que ha llegado a poseer las mayores extensiones de terreno. Sus fincas y ganados representaban un 40% de la riqueza total del pueblo.

kJosé EustorgioRivas Torres. Nacido en Aricagua, pueblo del sur merideño. Los Canagüenses debemos sentirnos en deuda con quien en vida luchó denodadamente por llevar los aires de civilización y modernismo al pueblo, así como por elevar el nivel cultural de sus moradores. Inició la apertura de la carretera que comunicara Santa Cruz de Mora, El Molino y Canaguá; trayendo consigo el arribo del primer vehículo automotor al pueblo , el 14 de marzo de 1954. Y un año más tarde inició la construcción de la carretera Canaguá, Quebrada de El Barro, Capurí, Mesa de Quintero y Guaraque. Culminó el TemploParroquial en el año 1956. Estimuló la construcción e instalación de la segunda planta eléctrica para el mismo año y promovió la construcción de varios acueductos. Fue fundador de Santa María de Caparo en tierras de “Guayanito”, capital del Municipio Padre Noguera cuyo epónimo es el abate Adonay Noguera Mora, y se distinguió como escritor de refinada pluma, donde resaltó en varias de sus obras todo lo relacionado a los orígenes, idiosincrasia, cultura y bellezas escondidas de los Pueblos del Sur del Estado Mérida

7 jun 2011

Canaguá, Tradiciones

Tradición

Estampas de nuestros ancestros

En diciembre el sur merideño se viste de gala para celebra el advenimiento del Niño Dios. En el recuerdo evocamos los Aguinaldos en las madrugadas del 16 al 24 de diciembre. También la Novena del Niño Dios acompañada con parrandas de cuatro, charrasca, guitarra y violín, junto a la pólvora alegre, profusa y bullanguera, una singular oportunidad para el sano disfrute y alegría familiar. La música típica en la plaza del pueblo, animando lasveladas con cánticos, aguinaldos y villancicos, las procesiones en la Novena del Redentor, el preparado de la tradicional hallaca, el pan de jamón y el dulce de lechosa; las posadas de los Santos Esposos en solicitud de asilo. Desde hace muy pocos años se ha convertido en tradición realizar del 15 al 23 de diciembre, las caravanas de carros, conformadas por las diferentes instituciones del pueblo. De igual manera se acostumbra todos los 31 dediciembre, llevar a cabo las corridas de los famosos toros de candela y la quema del año viejo. La mano Generosa del creador esparció bondades sobre estas tierras que han visto germinar la semilla del Evangelio en numerosas vocaciones religiosas. El antiquísimo devocional del rosario en familia perdura en los hogares nuestros.

Esta costumbre cristiana comparte privilegios con el Advenimiento del Salvador en diciembre y la pasión de Jesús en la llamada Semana Mayor. En Semana Santa desde muy temprano y a partir del día martes, las familias se preparan para aprontar la leña para el“amasijo” en medio del ajetreo del día debe hacerse el pan y cocerlo en el antiquísimo horno de ladrillo... El miércoles comienzan a prepararse los confites, delicias y manjares, porque el jueves se consumen los 7 potajes y el viernes es día de ayuno; según rige la norma cristiana, no se debe trabajar en casa estos dos días santos. Tampoco deben ocuparsede las menudencias de la cocina.

Esto, es sencillamente, faltar a la observación católica. Los trompos, las maporas el burro y tantos otros juegos que recrearon la infancia, volverán para la época, como también hay quienes apuestan su plata jugando agiley y nueve con la baraja... La chiquillada en los ríos haciendo piruetas o contemplando remansos, es parte de la tradición en el sur merideño. Se escenifica la Pasión Viviente con gran fervor y profesión de fe. Desde hace más diez años, la familia Hernández Durán realiza el largo vía crucis desde Estanques a Canaguá (“ElPeregrino de la Montaña”). Además se lleva a cabo desde hace algún tiempo, todos los viernes de la Semana Santa el Vía crucis Viviente de la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y quien personifica a Jesús es el joven Alexis Roa. La Patrona de Canaguá es laVirgen del Carmen cuya festividad reviste especial brillo de cada año.

Después de los oficios religiosos tiene lugar los actos profanos de las ferias de Canaguá con la celebración de los bailes populares, desfile de carrozas, templetes, vendimias, competencias deportivas de alta competencia y juegos populares; y en algunas ocasiones corridas, rodeo americano y coleos de toros; para nosotros los moradores de esta bella tierra, la celebración de estas festividades simboliza el reencuentro en la fe, la oportunidad para la sana expresión de la alegría y para la acción de gracias al Creador. Se conserva imborrable algunos legados de los aborígenes, como la elaboración de algunos platos típicos: como el pescado, sancocho, hallaquitas de maíz pelado y maduros; conservas y dulces: de maíz, higo, auyama, berenjena, buñuelos, melindre, biscochuelos, almojábanas, majarete, arroz con coco, melcochas, corrunchete, amasijo de pan; alimentos que procedían del Maíz, yuca, papa, plátano entre otros y que se realizan en distintas épocas del año.

4 jun 2011

Laguna Negra



La Laguna Negra se encuentra situada en el Parque Nacional Sierra Nevada, a una altura de 3.480 msnm. Se localiza a varios kilómetros de la laguna de Mucubají, desde la que se accede por un sendero, y a unos 150 metros menos de altitud que la misma. Su profundidad es de 24 metros. Sus aguas proceden de la Quebrada La Corcovada y son vertidas al río Santo Domingo. Esta Laguna es uno de los principales atractivos turísticos del estado ya que llama la atención su color oscuro.



Su color casi negro se debe a está rodeada por laderas empinadas cubiertas densamente por coloraditos que se reflejan en el agua. El aspecto misterioso que produce el efecto ha dado pie a leyendas que afirman que en ella habitan duendes u otras criaturas paranormales. Si se perturba la tranquilidad del lugar, estas criaturas se enfadan y provocan niebla o incluso tormentas que pueden perder a las personas; también se atribuye a la propia laguna el poder hacer que se oscurezca de repente, perdiéndose el camino
.
Video


Para ampliar información sobre Lagunas de la zona: Centro de Visitantes Mucubaji